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“Alimentos campesinos para México. El hambre no espera”
Posicionamiento en relación a las medidas anunciadas por el
presidente Felipe Calderón “Acciones en Apoyo a la Economía
Familiar” el 24 de mayo de 2008
“No a la economía del objeto sino a la economía
del sujeto. Lo que la sociedad necesita no es un libre mercado sino
una sociedad libre. Libre y justa. De modo que habrá que contravenir
al mercado cuando haga falta con tal de garantizar la justicia y la
libertad. Esto se llama economía moral en contraposición a la
desalmada dictadura del toma y daca. Frente a un capitalismo
contrahecho y vicioso es necesario restituir la preeminencia de los
acuerdos sociales sobre la maquinaria productiva. Es forzoso
restablecer la economía moral”.
Armando Bartra
I. Las medidas de Calderón autoritarias, continuistas, tardías e
ineficaces para frenar el alza de los alimentos y los insumos
agrícolas
Después de año y medio de negar la existencia de la crisis
alimentaria en México, el gobierno de Felipe Calderón reconoce
tardía y superficialmente la realidad de la carestía y sus graves
impactos socioeconómicos para nuestro país.
De enero de 2007 a la fecha, los precios de los alimentos se han
incrementado en más del 70% afectando severamente la economía y la
nutrición de la mayoría de las familias mexicanas. Este hecho
-negado una y otra vez por el presidente y los secretarios de
Agricultura, Economía y Desarrollo Social- se presenta en un marco
de estancamiento de la economía nacional, crecimiento de la
dependencia de las importaciones agroalimentarias, disminución del
poder adquisitivo de los salarios y la existencia de 60 millones de
mexicanos que sobreviven en condiciones de pobreza, 20 millones que
padecen desnutrición y anemia; y 35 millones con obesidad.
Como es claro, el incremento de los precios de los alimentos ha
causado enormes sufrimientos a las familias mexicanas,
principalmente a las de más bajos ingresos, y continuará provocando
un aumento en la malnutrición (desnutrición, anemia, obesidad) y la
pobreza, mientras no se enfrenten las causas estructurales, de
fondo, de la crisis alimentaria en México y en el mundo.
Las medidas anunciadas por el presidente Calderón “en apoyo a la
economía familiar” el pasado domingo 24 de mayo representan un
esfuerzo mediático, demagógico, superficial, tardío e ineficaz para
contener el alza en los precios de los alimentos e insumos agrícolas
así como para frenar la grave afectación al poder adquisitivo de las
familias y la malnutrición que padece el pueblo mexicano.
El presidente Calderón miente al afirmar que para su gobierno la
seguridad alimentaria es un asunto de Estado. Si así fuera hubiera
convocado a un diálogo con los poderes de la República y los
gobiernos de los estados y municipios así como con la sociedad
mexicana para concertar una verdadera política de Estado para
enfrentar la crisis alimentaria. Al no hacerlo, Calderón reiteró una
vez más su vocación autoritaria y antidemocrática. Pareciera en todo
caso, que Calderón piensa como el Rey Sol: “el Estado soy yo”.
La primera medida anunciada consiste en la eliminación de los
aranceles a las importaciones de los alimentos provenientes de otros
países, con los que nuestro país no tiene suscritos tratados de
libre comercio. Esta disposición hecha a la medida de la industria
agroalimentaria, la cual será la única beneficiaria, ratifica y
profundiza el modelo de dependencia alimentaria, que es la causa
central de la creciente vulnerabilidad e inseguridad alimentaria en
México. Por lo demás, no tendrá ningún efecto para frenar el alza de
los precios, puesto que a nivel internacional éstos se determinan en
las bolsas de granos de los Estados Unidos, país del cual importamos
ya sin aranceles más del 85% de las importaciones alimentarias. O
sea, se trata de diversificar la compra en el exterior de granos,
oleaginosas y leche en polvo a los mismo altos precios con que se
compra en Estados Unidos y Canadá. Esta medida ya antes anunciada en
enero de 2007 y que no tuvo ningún efecto para “frenar” el
tortillazo, ahora resultará igualmente ineficaz y los precios
seguirán a la alza. Es una medida demagógica. El anuncio de Calderón
generará un efecto contraproducente en los mercados internacionales
(al alza) por la señal de pánico emitida por el gobierno mexicano.
A todo esto, ¿por qué eliminar aranceles para importar maíz blanco
cuando, según el gobierno, tenemos la mayor cosecha de maíz en la
historia? ¿Y por qué abrir cupos unilaterales de frijol, sin
consultar con las organizaciones de productores, cuando se está en
pleno proceso de comercialización de las cosechas de ciclo
primavera-verano pasado y está por salir la cosecha del
otoño-invierno? ¿Por qué en lugar de frenar la especulación, el
intermediarismo y los oligopolios en la venta del frijol, se les
premia?
Por lo que hace a la segunda medida anunciada por el presidente
Calderón de apoyar la producción de alimentos y el acceso a
fertilizantes a bajo precio, se trata de medidas ya antes anunciadas
sin ningún resultado y extemporáneas, puesto que el precio del
fertilizante en los mercados internacionales se ubica hoy en día en
sus niveles máximos y en buena parte del país ya iniciaron las
siembras del presente ciclo. Por lo demás, el principal programa en
apoyo a la producción de maíz y frijol –el PROMAF II– y sus $3 mil
500 millones aún no opera y, en el mejor de los casos, empezarían a
ejercerse los recursos a partir de julio próximo cuando las siembras
del presente ciclo ya hayan sido completadas. Como se ve, no se
trata de medidas extraordinarias, de emergencia, diferentes,
oportunas, eficientes. Es tan sólo más de lo mismo.
Por lo que respecta a la creación de una reserva estratégica de
maíz, se trata de un vulgar engaño del presidente Calderón. En
realidad, se anuncia como “reserva estratégica de maíz” algo que ha
estado haciendo Diconsa siempre: comprar maíz para abastecer las
tiendas de su programa rural de abasto. No es medida nueva, ni es
reserva, ni es estratégica. Nuevamente, es más de lo mismo. Una
mentira.
Por lo que hace al anuncio que a través de las tiendas de
autoservicio, se congelarán los precios de una canasta alimentaria
básica, se trata, una vez más, de una medida ya antes anunciada y
sin ningún efecto. Como en el caso del pacto de la tortilla con esta
medida nos obligan a consumir en estos comercios, pasando a ser el
gobierno su mejor promotor y cancelando los mercados locales.
Con relación al anuncio de incrementar de $535 hasta $635 el apoyo a
las familias del programa Oportunidades, es una medida a todas luces
insuficiente, toda vez que el incremento de hasta $120, representa
en el mejor de los casos –que sean $120- un incremento del 22.4%
frente al incremento del 70% de los precios de los alimentos
experimentados en la administración calderonista.
Pareciera que el único anuncio rescatable es el que se refiere a la
tecnificación de “500 mil hectáreas de riego” hacia el final de su
mandato. Al respecto valdrían algunas preguntas: ¿qué presupuesto se
tiene comprometido para tales metas?, ¿se realizarán con
agricultores ricos ó con agricultores pequeños y medianos en el
norte y bajío y en el sur-sureste con campesinos y comunidades
indígenas?
Por último, con relación al encendido llamado del presidente
Calderón: “no toleraremos especuladores ni acaparadores y vamos a
castigar a quienes pretendan lucrar con la necesidad y el hambre de
los mexicanos”, seguramente se estaba refiriendo a Cargill, empresa
trasnacional, la cual con el apoyo del titular de la Sagarpa y
subsidios de más de 400 millones de pesos otorgados por Aserca, ha
acaparado y especulado con alrededor de 1.5 millones de toneladas de
maíz tan sólo en los últimos 12 meses.
Como se observa, se trata de medidas inerciales, continuistas,
superficiales, insuficientes, autoritarias, inconsultas con la
sociedad y demagógicas.
El régimen calderonista persiste en no reconocer la gravedad de la
crisis alimentaria en México y en el mundo y las causas de fondo de
dicha crisis. ¿Será por no convenirles a las grandes corporaciones
mexicanas y trasnacionales que dominan toda la cadena
agroalimentaria en México?
La crisis alimentaria y el fantasma del hambre que recorre nuestro
país –y el mundo– continuará y se profundizará en los próximos meses
y años, agudizando la crisis política y social que vive el país y
contagiando nuestra frágil estabilidad económica y financiera.
El Ejecutivo Federal reitera una vez más su ineptitud, indolencia y
conflicto de intereses. Es el tiempo de la sociedad civil, de las
organizaciones campesinas, de las organizaciones urbanas y de la
ciudadanía de a pie. También es el tiempo del Congreso de la Unión.
II. Principios centrales de un Programa Emergente para el Campo
Mexicano y enfrentar la crisis alimentaria
1. Políticas públicas alternativas de Estado. La gravedad de la
crisis alimentaria y la complejidad involucrada para su
enfrentamiento, requieren la participación amplia, plural e
incluyente de toda la sociedad y los poderes de la República. Se
trata de reconocer genuinamente la inseguridad y vulnerabilidad
alimentarias por la que atraviesa el país como un asunto de Estado.
2. Soberanía alimentaria. Frente al modelo de dependencia
alimentaria y libre comercio en materia agroalimentaria, debe
adoptarse el principio de soberanía alimentaria como la base y
columna vertebral de una nueva política agroalimentaria para
enfrentar la crisis en el corto, mediano y largo plazos. Se trata de
dar paso a políticas públicas activas y a un renovado papel del
Estado para establecer y regir con autodeterminación, políticas de
autosuficiencia alimentaria, procesamiento, distribución y acceso de
alimentos.
3. Revalorización e impulso a la agricultura campesina. La crisis
alimentaria es posible enfrentarla bajo el principio de soberanía
alimentaria y con una revalorización de la agricultura campesina. A
lo largo de los últimos 25 años se ha menospreciado la contribución
y el potencial de la agricultura en pequeña y mediana escala. Los
campesinos tienen en sus manos el 80% de las tierras y del
territorio rural. Tienen un potencial capaz de responder a las
necesidades alimentarias del pueblo mexicano.
4. Agricultura sustentable y reconocimiento del carácter
multifuncional de la agricultura campesina y la gestión del
territorio rural. El modelo de agricultura industrial (grandes
unidades de producción, uso creciente de agua, maquinaria e insumos
derivados de los hidrocarburos y subsidios, produciendo monocultivos
con tecnologías riesgosas) y el reduccionismo economicista de la
agricultura están agotados y han sido factores que han contribuido a
la crisis alimentaria en el mundo y en México. Para enfrentar la
grave situación actual debemos transitar hacia un modelo de
agricultura más sustentable que reconozca las múltiples
contribuciones de la agricultura a la sociedad y al desarrollo
económico del país. Un modelo que reivindique y valorice el papel de
las mujeres en la producción campesina y promueva la producción de
alimentos sanos, de bienes y servicios ambientales, la conservación
de la biodiversidad, el equilibrio del doblamiento territorial, la
reproducción de la diversidad étnica y cultural, la seguridad
nacional, etc.
5. Derecho a la alimentación. La alimentación es un derecho humano
fundamental que debe ser garantizado por la Constitución y tutelado
por el Estado mexicano. Debe ser erradicada la desnutrición y la
anemia así como la obesidad. ¡El hambre no espera!
6. Lucha contra los monopolios alimentarios y la publicidad engañosa
en los alimentos. Los grandes corporativos son quienes dictan los
hábitos de consumo de la totalidad de la población mexicana, siempre
a favor de ganancias mercantilistas. Por ello, es necesario impulsar
el consumo responsable acompañado de correcta regulación de las
campañas publicitarias que inflan los valores nutricionales de los
productos generados por dichos monopolios. Es necesario reconocer
que el modelo actual nos esta llevando a una alimentación que lejos
de alimentarnos nos engorda y nos mantiene desnutridos. Como
consumidores debemos ejercer nuestro derecho a decidir que
alimentación queremos y a quienes queremos favorecer.
III. Propuestas centrales para enfrentar la crisis alimentaria en
México
1. Acciones para incrementar la producción y productividad
sustentable con campesinos:
a) Programa de mediano plazo para disminuir la dependencia
alimentaria del 42% al 20% en el 2012. Concertación del gobierno
federal y gobiernos estatales con las organizaciones por rama de
producción de metas de incrementos anuales de la producción.
b) Aprobación por el Senado de la República de la minuta de Ley de
Planeación para la Soberanía y la Seguridad Alimentaria y
Nutricional y de la minuta de Ley de Gas Natural de Proceso.
c) Programa de mediano plazo para la sustitución de importaciones
agroalimentarias a fin de eliminar el déficit de la balanza
comercial agroalimentaria en 2012.
d) Aprobación por el Congreso de la Unión de un mecanismo de
administración del comercio exterior de los alimentos básicos y
estratégicos, de conformidad con la LDRS.
e) Acciones urgentes para apoyar la agricultura campesina y las
técnicas sustentables de producción.
f) Programa de tecnificación del riego y ampliación de la
infraestructura hidroagrícola.
g) Reestructuración consensuada de los programas e instituciones del
sector rural.
h) Renegociación del TLCAN y de los Acuerdos de Agricultura de la
Organización Mundial de Comercio para dejar a salvo nuestros
derechos a la soberanía alimentaria.
2. Acciones para garantizar un acceso universal a los alimentos a
precios razonables:
a) Aprobación por la Cámara de Diputados de la minuta del Senado por
el cual se eleva a rango constitucional el derecho a la
alimentación.
b) Establecimiento de una canasta alimentaria básica con precios
controlados con productos nacionales, fomentando la compra con
asociaciones de productores mexicanos.
c) Ampliación presupuestal a Diconsa para incrementar a 100 los
almacenes regionales y a 5 mil tiendas comunitarias su cobertura en
el medio rural. Asimismo, para la renovación y ampliación de su
flotilla de transporte y para mantener los precios en el nivel
prevaleciente en enero de 2007. Regla: compra obligatoria de la
producción local y regional vía asociación de productores.
d) Incremento de 100% al monto de apoyo a las familias en el
programa Oportunidades.
e) Programa de empleo rural para la reforestación comunitaria, el
mejoramiento de las terrenos, construcción de caminos y bordos,
mantenimiento de las infraestructura social y productiva, etc.
3. Reserva Estratégica Alimentaria. Administrada por la Sagarpa y un
consejo intersecretarial e intersectorial, constituida por el
volumen de maíz (3 millones de toneladas), trigo (1 millón), frijol
(200 mil toneladas), arroz (200 mil toneladas) y leche en polvo
equivalente a 4 meses del consumo nacional.
4. Moratoria a la siembra de maíz transgénico y al uso de alimentos
para producir agrocombustibles.
5. Presupuesto requerido y fuentes:
a) Reducción del 20% del gasto corriente de la alta burocracia del
Ejecutivo Federal, Poder Judicial y Poder Legislativo, incluyendo
reducción salarial, prestaciones y eliminación del seguro de gastos
médicos mayores.
b) Excedentes petroleros a un Fondo Nacional para la Soberanía y
Seguridad Alimentaria y Nutricional.
c) Ingresos extraordinarios por la recaudación del IETU.
d) Decomisos del crimen organizado (25%).
Ante la irresponsabilidad del gobierno federal, una vez más las
organizaciones aglutinadas en la Campaña Nacional en Defensa de la
Soberanía Alimentaria y la Reactivación del Campo Mexicano, Sin maíz
no hay país y sin frijol tampoco ¡Pon a México en tu boca!
informamos que estamos trazando un Programa Emergente para el Campo
Mexicano y enfrentar la crisis alimentaria. Llamamos a la sociedad
mexicano a apoyar nuestras propuestas y demandas para producir
nuestros alimentos y reconquistar nuestra soberanía alimentaria
La gravedad de la crisis alimentaria y la complejidad involucrada
para su enfrentamiento, requieren la participación amplia, plural e
incluyente de toda la sociedad y los poderes de la República. Se
trata de reconocer genuinamente a la inseguridad y vulnerabilidad
alimentaria por la que atraviesa el país como un asunto de Estado.
Diario del Yaqui
Viernes 9 de mayo de 2008
México ante
la crisis mundial de alimentos
Por Alberto Vizcarra Osuna*
La escasez y encarecimiento mundial de los alimentos ha irrumpido en
el escenario internacional, como un estallido de la realidad que hoy
abarrota la agenda de los principales foros internacionales.
Entidades responsables de las políticas económicas globales que
propiciaron la presente crisis alimentaria mundial, como el Fondo
Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), se han visto
obligados a reconocer la gravedad del asunto, pero se niegan a
admitir su causa, y solo se limitan a proponer acciones emergentes
de asistencialismo a las regiones y países más vulnerables, para
tratar de atenuar el impacto mortal con el que nos amenaza el ahora
reconocido tsunami alimentario mundial.
El FMI y el BM, omiten las causas que nos llevaron a esta crisis que
amenaza con la muerte por inanición de cientos de millones de seres
humanos en Asia, África y América Latina, porque durante los últimos
cuarenta años se convirtieron en instrumentos de los intereses
financieros supranacionales que desde la llamada Ronda de Uruguay
realizada en los años setenta, hasta la constitución de la
Organización Mundial del Comercio (OMC) en la década de los noventa,
impusieron esquemas de libre mercado que redujeron la capacidad de
las naciones de producir sus propios alimentos, y entregaron el
mercado de los mismos a los corporativos que hoy monopolizan y
especulan con estos bienes básicos.
Desde la Ronda de Uruguay la mayoría de las naciones empezaron a ser
sometidas a una tremenda presión para que abandonaran el modelo
económico orientado hacia la autosuficiencia alimentaria, y se les
fue obligando al retiro de todo esquema de protección arancelaria
así como a la eliminación de los precios paritarios o de garantía,
bajo la falacia de que tales políticas introducían elementos de
distorsión en los mercados internacionales.
Los países sucumbieron a estas presiones, y el resultado está ahora
a la vista: el jinete apocalíptico del hambre toca a la puerta de
las naciones, y anuncia una catástrofe humana sin precedentes.
Naciones como China, Rusia, la India, Argentina, entre otras, están
tomando medidas de protección para establecer control de sus
mercados internos, reduciendo o eliminando sus exportaciones de
granos, para asegurar los abastos mínimos que les permitan alimentar
a su población. Esto lo están haciendo en contraposición a las
disposiciones de la OMC y de los intereses especulativos de
corporativos como Cargill, Monsanto, Dreyfuss, Nestle, etc.
Acciones necesarias, pero no suficientes. De acuerdo a las
necesidades presentes y futuras, el mundo requiere duplicar la
producción de alimentos, para estabilizar la situación, y ello
demanda que las naciones restablezcan las políticas de protección a
las actividades primarias y se encaminen al establecimiento de un
nuevo sistema financiero internacional que abandone las fracasadas y
perniciosas prácticas del libre comercio para sustituirlas por un
conjunto de acuerdos basados en el principio del comercio justo y el
beneficio mutuo.
La condición de México, frente a este cuadro mundial dramático, es
de extrema vulnerabilidad pues estamos en la lista de los
principales países importadores de alimentos a nivel internacional.
Sin embargo, el gobierno de Felipe Calderón, como lo hizo frente al
desplome de la economía norteamericana, ahora ante la crisis
alimentaria mundial dice que el país no será afectado y que nos
encontramos blindados ante los posibles efectos de esta crisis
mundial.
Se ha convertido en hábito del gobierno calderonista decretar la
desaparición de los problemas, pero la realidad siempre ha sido
despiadada con los necios, y la crisis de la tortilla que
registramos a principios del año pasado, palidecerá si no tomamos
las providencias elementales para proteger a la nación de las
consecuencias previsibles que esta catástrofe alimentaria podría
tener sobre México.
El gobierno de Calderón debe tomar medidas emergentes de control y
regulación del mercado nacional de alimentos. Establecer controles
también sobre las exportaciones de granos básicos y una política de
precios de garantía que asegure la capitalización del sector
agrícola, así como apoyos extraordinarios a la investigación y el
extensionismo. Pero fundamentalmente debe implementar una vigorosa
política de inversión pública en obras de infraestructura
hidráulica, como el Plan Hidráulico del Noroeste (PLHINO), que
aseguren en un corto tiempo, ampliar la frontera agrícola para
incrementar la producción nacional de granos y estar en condiciones
de poder contar con una reserva alimentaria que proteja a la
población de morir por inanición.
Esta es sin duda una prueba existencial para la humanidad, pero
especialmente para los gobiernos del mundo, y por lo tanto para el
gobierno de Calderón. Todos tenemos responsabilidad ante situaciones
como estas, pero no todos estamos en la condición y en la capacidad
orgánica para tomar acciones ejecutivas al respecto. Si Calderón no
toma las acciones pertinentes, la historia lo juzgará como el
responsable de la vida de cada mexicano que muera por inanición.
*Dirigente del Foro Permanente de Productores
Rurales
La Jornada Viernes
9 de mayo de 2008
La hora de La
Vía Campesina
Peter Rosset*
A escala mundial parece que ya llegó la hora de La Vía Campesina
Internacional. Por más de 10 años la alianza global de las
organizaciones campesinas ha estado construyendo una propuesta
alternativa para los sistemas alimentarios de los países, la
soberanía alimentaria. El año pasado se constató en el Foro Mundial
de la Soberanía Alimentaria, realizado en Malí, que este debate ha
venido ganando terreno con otros movimientos sociales, como los de
los pueblos indígenas, las mujeres, los consumidores, los
ambientalistas, algunos sindicatos, y otros. Pero a nivel de
gobiernos y organismos internacionales, había llegado a oídos más o
menos sordos. Pero ahora no. La crisis mundial de los precios de los
alimentos, que ya ha provocando motines en diversos países de Asia,
África y América, está haciendo que todos coloquen atención en este
tema.
¿Cuáles son las causas de las alzas extremas de los precios? Hay
causas de largo plazo y causas de corto plazo. En cuanto al primero,
se destacan los efectos de tres décadas de políticas neoliberales y
de comercio libre sobre los sistemas alimentarios. En casi todos los
países se ha desmantelado la capacidad productiva nacional de
alimentos, sustituyendo una capacidad creciente para producir
agroexportaciones, estimulado por enormes subsidios al agronegocio
provenientes de los erarios.
Son los sectores campesinos y de agricultura familiar los que
alimentan a los pueblos del mundo; los grandes productores tienen
vocación de exportar. Pero a los primeros se les han quitado los
precios de garantía, los paraestatales de comercialización, los
créditos, la asistencia técnica y, sobre todo, su mercado, inundado
primero por importaciones baratas, y una vez capturados estos
mercados nacionales por las empresas trasnacionales, ahora reciben
importaciones muy caras.
A la vez, el Banco Mundial y el FMI han obligado a los gobiernos a
deshacerse de las reservas de cereales en manos del sector público,
haciendo que en el mundo de hoy tengamos uno de los márgenes más
estrechos en la historia reciente entre reservas y demanda, lo cual
provoca el alza y la volatilidad de los precios. O sea que los
países casi no tienen ya ni reservas ni capacidad productiva, y son
dependientes de las importaciones, que ahora suben de precio. Otras
causas de largo plazo, pero en menor escala, son los cambios en los
patrones de consumo en algunos países, como la preferencia por carne
por encima de dietas vegetarianas.
Entre las causas de corto plazo, la más importante es la entrada
repentina del capital financiero especulativo, los llamados fondos
de riesgo o hedge funds, en las bolsas de los contratos a futuro de
los cereales y otros alimentos, los llamados commodities. Con el
colapso de la burbuja artificial del mercado inmobiliario de Estados
Unidos, su ya desesperada búsqueda de nuevas oportunidades de
inversión lo hizo descubrir estas bolsas de alimentos. Es atraído
por la volatilidad de cualquier mercado, ya que toma sus ganancias
tanto en las subidas como en las bajadas, apostando como si fuera un
casino. Apostando, pues, con la comida de la gente. Estos fondos
hasta ahora han inyectado unos 70 mil millones de dólares extras a
los precios de los commodities, inflando una burbuja que coloca los
alimentos fuera del alcance de los pobres. Y cuando la burbuja entra
en su inevitable colapso, va a quebrar a millones de agricultores
del mundo entero.
Otro factor en el corto plazo ha sido el boom de los
agrocombustibles, que compiten por área de siembra con los cultivos
alimenticios y el ganado. En Filipinas, por ejemplo, el gobierno ha
firmado acuerdos que comprometen una área de siembra para
agrocombustibles equivalente a la mitad del área sembrada de arroz,
alimento principal de su población. Debe ser considerado un crimen
contra la humanidad alimentar a coches en lugar de personas.
También, el alza mundial de los costos de los insumos agroquímicos,
como resultado del precio alto de petróleo, es un factor
contribuyente a corto plazo. Otros factores recientes incluyen
sequías en algunos países, y los esfuerzos del sector privado
reaccionario, conspirando con la CIA y las trasnacionales, para
exportar los alimentos de Venezuela, Bolivia y Argentina, generando
escasez artificial como manera de desestabilizar sus gobiernos.
Frente a todo este panorama, y sus implicaciones futuras, se destaca
una sola propuesta que esté a la altura del reto. Bajo la soberanía
alimentaria los movimientos sociales, y un número creciente de
gobiernos progresistas o semiprogresistas, proponen re-regular los
mercados de alimentos que fueron desregulados por el neoliberalismo.
E inclusive, regularlos mejor que antes, con una real gestión de la
oferta, haciendo posible encontrar precios que sean justos tanto
para los productores como para los consumidores.
Esto significa volver a proteger la producción nacional de los
países, tanto contra el dumping de alimentos importados con precios
artificialmente baratos, que socava la producción nacional, como de
alimentos artificialmente caros, como ahora. Significa reconstituir
las reservas públicas de cereales y las paraestatales de
comercialización, ahora en versiones mejoradas, con la participación
fundamental de las organizaciones campesinas en su gestión, quitando
a las trasnacionales el control sobre nuestra comida. También
incentivar la recuperación de la capacidad productiva nacional,
proveniente del sector campesino y familiar, por medio de los
presupuestos públicos, los precios de garantía, los créditos y otros
apoyos, y la reforma agraria genuina. Urge la reforma agraria en
muchos países para reconstruir al sector campesino y familiar, cuya
vocación es producir alimentos, ya que el latifundio y el
agronegocio suelen producir sólo para coches y para la exportación.
Y se tienen que implementar controles, como han hecho algunos países
en los últimos días, contra la exportación forzosa de alimentos que
son requeridos por la población nacional.
Además, urge hacer un cambio de la actual tecnología en la
producción, hacia una agricultura basada en los principios de la
agroecología, sustentable, una producción agrícola que parta del
respeto y del equilibrio con las condiciones naturales, la cultura
local y los saberes tradicionales. Está demostrado que los sistema
de producción agroecológicos pueden ser hasta más productivos,
resisten mejor las sequías y otros cambios climáticos, y que por su
bajo uso de recursos energéticos son más sustentables
económicamente. Porque ya no podemos tener el lujo de alimentos
cuyos precios estén vinculados al petróleo, ni mucho menos dañar la
productividad futura de los suelos por medio de la agricultura
industrial de grandes extensiones de monocultivos mecanizados y
llenos de venenos y transgénicos.
En fin, ya llegó la hora de La Vía Campesina y la soberanía
alimentaria. No hay más remedio para alimentar al mundo, y nos
corresponde a todos y todas movilizarnos en masa para asegurar los
cambios tan necesarios de políticas públicas a escala nacional e
internacional.
*Autor del libro Food is different, why we must get the WTO out
of agriculture. 2006
Crisis alimentaria
Álvaro Bracamonte Sierra*
Hace un par de semanas el gobernador Bours anunció, en una gira por
el Sur de Sonora, que esta región recibiría ingresos superiores a
los siete mil millones de pesos tras la venta del trigo que se
obtendrá en el actual ciclo agrícola. Más de cinco mil millones
corresponderán a los trigueros del Yaqui y el resto a los del Mayo.
Es sin duda una grata noticia que aliviará de manera sustancial la
alicaída economía de esa zona de la entidad. Desde hace muchos años
no se obtenían tan buenos resultados en la siembra del cereal; de
hecho la estrategia planteada por las autoridades era la
reconversión del patrón de cultivos a fin de disminuir la superficie
de granos por incosteables y elevar la de frutales y hortalizas que
sin duda son más rentables.
Los básicos, específicamente el trigo, han sido desde hace muchos
años, la columna vertebral del desarrollo agrícola del estado y por
supuesto de la economía en general; las dos dependieron por mucho
tiempo de lo que pasaba con esa gramínea. En el pasado todo estaba
dispuesto para que la trilla y su comercialización fueran un éxito
seguro.
Estas condiciones se modificaron conforme el agro nacional y
parcialmente el regional era abandonado para dar paso al crecimiento
industrial del país.
La última vez que los trigueros experimentaron un buen año fue en
1996 justo cuando los precios internacionales y la devaluación de
1995 se combinaron para fijar un precio del trigo por encima de los
promedios de los ciclos recientes.
En ese entonces el precio por tonelada se pactó en alrededor de 2
mil pesos lo que permitió ingresos inesperados para los productores.
Algo más o menos parecido sucede ahora; no hay una devaluación como
la ocurrida en 1996, sin embargo, el precio del trigo y de todos los
alimentos se han elevado súbitamente.
Hace un año el precio de la tonelada de trigo se pactaba en el
mercado internacional a razón de 170 ó 200 dólares dependiendo de su
tipo; en el año en curso supera los 400 dólares. Es decir, en un
lapso de unos cuantos meses el precio se ha elevado en más de 100
por ciento.
Esto es lo que explica el buen año que obtendrán los trigueros del
sur de Sonora, región que concentra el 65 por ciento de toda la
superficie sembrada en la entidad; en la actual temporada se espera
que el volumen producido supere el millón y medio de toneladas; una
parte se destina a la exportación, otro tanto se vende a
industriales harineros de la localidad y un porcentaje importante
como alimento para ganado.
El hecho de que a los productores del sur les vaya bien no quiere
decir que todos estén pasándola igual. Más bien es lo contrario; el
incremento en los precios de los alimentos beneficia a las zonas
productoras, pero está afectando de manera dramática a los países
cuya producción está lejos de ser suficiente para garantizar la
comida de su población.
Y no sólo el trigo ha subido; en la misma situación se halla el
maíz, grano que constituye la dieta de la mayoría de los mexicanos.
También es similar el caso de la soya y el arroz que, para sorpresa
de tirios y troyanos, ha empezado a racionarse en Estados Unidos.
Esta elevación de los precios responde a la decisión de muchos
países productores de desviar una parte significativa de la cosecha
para su uso como combustible. Es el caso del maíz que en Estados
Unidos se está utilizando para la generación de etanol, un sustituto
de la gasolina.
Es decir, lo que parecía a primera vista una buena solución a la
inestabilidad del mercado de hidrocarburos está propiciando
profundos desequilibrios económicos y sociales dadas las
devastadoras consecuencias en la sustentabilidad de los países
importadores de alimentos.
De no tener en cuenta esta situación el mundo eventualmente
experimentará una escalada de hambrunas ocasionadas por el
desequilibrio entre el precio y abasto de “commodities”.
Ni duda cabe que frente al caprichoso ciclo que distingue a la
agricultura mundial vale la pena volver a lo básico, es decir,
reorientar la política agropecuaria para restablecer la soberanía
alimentaria como estrategia central del desarrollo nacional.
Conseguir la independencia en el abasto de los alimentos es un
aspecto crucial para consolidar nuestra frágil economía.
Desde luego estas dificultades no impiden congratularnos con los
productores del sur quienes por fin cortarán una madura después de
tantos años de “vacas flacas”.
*Profesor investigador de El
Colegio de Sonora.
La Jornada
Sábado 10 de mayo de 2008
El hambre de los
agronegocios
Silvia Ribeiro*
Por todo el mundo siguen aumentando los precios de los alimentos y
en los países más vulnerables resultan en situaciones intolerables
como hambrunas, a menudo combinadas con sequías o inundaciones,
efectos perversos del cambio climático. Ante la gravedad de la
crisis, caen máscaras y se vacían discursos, como la receta de los
agrocombustibles y los supuestos beneficios del libre comercio y la
agricultura de exportación.
Robert Zoellick, ahora como presidente del Banco Mundial, anuncia
que los precios seguirán altos por varios años, y que es necesario
fortalecer la “ayuda alimentaria” para gestionar la crisis. Zoellick,
que pasó a este cargo luego de ser jefe de negociaciones de Estados
Unidos en la Organización Mundial de Comercio, sabe de lo que habla:
desde su puesto anterior hizo todo lo que pudo para romper la
soberanía alimentaria de los países, en función de favorecer los
intereses de las grandes trasnacionales de los agronegocios. Incluso
ahora, la receta de la “ayuda alimentaria”, es otra vez un apoyo
encubierto a las mismas transnacionales, que tradicionalmente son
quienes venden al Programa Mundial de Alimentos los granos que
“caritativamente” les entregan a los hambrientos, con la condición
de que ellos mismos no produzcan los alimentos que necesitan.
Los grandes ganadores de la crisis alimentaria son también actores
centrales y grandes ganadores en la promoción de los
agrocombustibles: las trasnacionales que acaparan el comercio
nacional e internacional de cereales, las empresas semilleras, los
fabricantes de agrotóxicos.
En estos dos últimos rubros son en muchos casos las mismas empresas:
a nivel global, Monsanto es la principal empresa de semillas
comerciales y la quinta en agrotóxicos. Bayer es la primera en
agrotóxicos y la séptima en semillas, Syngenta la segunda en
agrotóxicos y la tercera en semillas, Dupont la segunda en semillas
y la sexta en agrotóxicos. Junto a BASF y Dow (tercera y cuarta en
agrotóxicos), estas seis empresas controlan el total de las semillas
transgénicas en el mundo, que casualmente es también la solución que
proponen a todos los nuevos problemas (que ellas mismas han sido
parte fundamental en provocar).
Junto a los que dominan más del 80 por ciento del comercio mundial
de cereales: Cargill, ADM, ConAgra, Bunge, Dreyfus; todas han tenido
ganancias absolutamente impúdicas, gracias a la escasez de
alimentos, la promoción y subsidios a los agrocombustibles y el alza
de los precios del petróleo (los agrotóxicos son petroquímicos). Un
excelente informe de Grain (El negocio de matar de hambre,
www.grain.org), da cuenta de estas ganancias: para el 2007,
Cargill aumentó sus ganancias 36 por ciento; ADM, 67 por ciento;
ConAgra, 30 por ciento; Bunge, 49 por ciento; Dreyfus, 77 por
ciento, en el último trimestre de 2007. Monsanto obtuvo 44 por
ciento más que en 2006 y Dupont-Pioneer 19 por ciento.
A esta situación se suma el hecho de que los grandes fondos de
inversión especulativa –frente a la crisis financiera e
inmobiliaria– trasladaron millonarias sumas de dinero a controlar
los productos agrícolas en el mercado internacional o commodities.
Actualmente, se estima que estos fondos controlan 60 por ciento del
trigo y altos porcentajes de otros granos básicos. La mayor parte de
la cosecha de soya de los próximos años, ya está comprada como
“futuro”. Estos alimentos se han convertido en un objeto más de
especulación bursátil, cuyo precio se modifica (y aumenta) en
función de los jaloneos especulativos, no de los mercados locales o
las necesidades de la gente.
Pese a esta paliza global a toda la gente común, peor para los más
desposeídos, las trasnacionales no se dan por satisfechas y van por
más. Ahora preparan el próximo asalto, monopolizando a través de
patentes, los caracteres genéticos que consideran útiles para hacer
plantas resistentes a la sequía, salinidad y otros factores de
estrés climático.
Los gobiernos a su servicio, como México, pretenden apagar el fuego
con gasolina: en lugar de soberanía alimentaria y control campesino
de las semillas e insumos, proponen transgénicos con aún más
modificaciones y más riesgos, maíz transgénico para aumentar la
contaminación y la dependencia, y que hasta los campesinos más
pobres, con apoyos públicos, siembren agrocombustibles en lugar de
comida.
*Investigadora del Grupo ETC |