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La
desgravación arancelaria del maíz, prevista para el 1º de enero de
2008, tendrá en México un efecto similar al que se vivió a
principios de 2007, cuando escaseó el grano y fue necesario importar
más para controlar el precio de la tortilla, advirtió el Centro de
Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) al alertar sobre la
posibilidad de que los consumidores mexicanos sufran el
encarecimiento de una amplia gama de productos alimenticios.
Destacó que la apertura no implicará una crisis en el sector
agropecuario nacional, sino que mostrará con claridad la
imposibilidad de revertir la dependencia importadora de algunos
bienes básicos.
En un análisis sobre la apertura comercial, el organismo señaló que
la dependencia mexicana de la importación de granos básicos no es
resultado del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN),
ya que desde 1974 –cuando el país registró una balanza comercial
agrícola deficitaria–, se convirtió en importador neto.
El CEESP aseguró que México padece un “dualismo económico. Dos
economías con grados de desarrollo distintos que no es producto de
la apertura comercial, sino un signo del pobre funcionamiento de sus
mercados”.
En su análisis estratégico La apertura comercial en el sector
agropecuario, señaló que las preocupaciones entre los productores
mexicanos de maíz y otros granos responden a que las asimetrías
entre el campo mexicano y el estadunidense prevalecen a 13 años de
que entró en vigor el acuerdo comercial, lapso en el que gobierno y
productores nacionales debieron reducir esa brecha.
En el TLCAN quedó asentado que “en el tiempo que durara la
desgravación –más de una década–, se pondrían en marcha mecanismos
para estimular al sector agropecuario y llegar a la apertura total
en condiciones más competitivas. Esto no ha sucedido y ahora los
productores tendrán que enfrentar las consecuencias”.
Destacó que los resultados de la apertura hasta ahora reflejan que
segmentos del ramo, como el cultivo de hortalizas, ha prosperado de
forma notoria, mientras los granos básicos, sobre todo el maíz,
muestran poco crecimiento y han generado gran dependencia de las
importaciones.
Y cuestionó los patrones y políticas de producción y
comercialización, al señalar que “a pesar de que algunos aspectos en
los patrones de comercio, como el clima o la abundancia de recursos
naturales explican con claridad por qué países como Arabia o Brasil
exportan petróleo o café, las distorsiones comerciales que imponen
los gobiernos o condiciones de producción inflexibles dificultan
discernir en el curso y consecuencias de la apertura comercial”.
Señaló que la liberalización de 2008 para maíz, frijol, azúcar y
leche en polvo expondrá a México a un arreglo de precios diferente
al prevaleciente en el mercado doméstico, por lo que tendrá que
ajustarse a los precios internacionales, debido a que la
participación nacional en el mercado mundial de granos es limitada y
eso le resta influencia.
De tal forma que el aumento de precio en el maíz y otros granos no
se puede evitar a corto y mediano plazos, por lo que la apertura
total del maíz desde 2008 “será similar a lo que ya vivió México a
principios de 2007, con escasez y la necesidad de más importaciones
para complementar la oferta nacional”.
Ante ello, advirtió que “el crecimiento del precio internacional
asegura la permanencia de los productores mexicanos al incrementar
sus ganancias, pero podría disminuir el bienestar de los
consumidores que pueden enfrentar precios mayores en una amplia gama
de productos alimenticios”.
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