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La Jornada
Viernes
1 de febrero de 2008
“EL TLCAN sólo ha sembrado muerte y pobreza”,
afirman
Se agotan tiempos para el diálogo:
campesinos
Sellan alianza para conformar
un consejo nacional que luche contra el capítulo
agropecuario
Marchan al Zócalo con SME,
UNT y CNTE
Matilde Pérez
U., Carolina Gómez y Gabriel León Zaragoza
(Fotos: F. Olvera y Ma. Meléndrez)
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Durante la marcha en
defensa de la soberanía alimentaria, organizaciones campesinas,
sindicales y sociales advirtieron al gobierno que “los tiempos de
diálogo se están agotando”, y confiaron en que la concentración de
ayer en el Zócalo no sea “de las últimas acciones” pacíficas que
lleven a cabo para que sus demandas sean atendidas.
Al término del mitin sellaron la alianza para conformar un consejo
nacional social y económico en pro de la revisión del capítulo
agropecuario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN),
el impedimento de la privatización de los energéticos y contra la
reforma laboral y por la derogación de la Ley del ISSSTE.
En voz de Gabino Gómez, de la campaña “Sin maíz no hay país”, y del
dirigente de la Confederación Nacional Campesina (CNC), Cruz López
Aguilar, el movimiento sostuvo que no le arrebatarán su dignidad ni
su decisión de luchar en contra del TLCAN, porque “sólo ha sembrado
muerte y pobreza”.

Gómez puntualizó: “No venimos hasta acá para pedir la cabeza de un
funcionario, sino para demandar al gobierno federal un debate de
frente a la nación en torno a la situación del campo y refrendar que
estamos en contra de la siembra de maíz transgénico. Nosotros no
somos acarreados de Monsanto, nos oponemos a que los granos nativos
desparezcan y que las grandes trasnacionales sigan enriqueciéndose
de manera escandalosa”.
A su vez, López Aguilar dijo que las organizaciones agrupadas en los
consejos nacionales de Organismos Rurales y Pesqueros (Conorp) y de
Organizaciones Campesinas (Conoc), así como seis del Congreso
Agrario Permanente, están abiertas al diálogo, pero no uno “de
sordos”, y él sí demandó la destitución de Alberto Cárdenas como
secretario de Agricultura. También rechazó que el TLCAN haya dejado
beneficios al agro, pues el país “se ha convertido en una potencia
agroalimentaria importadora de alimentos”.
En el mitin, Martín Esparza Flores, secretario general del Sindicato
Mexicano de Electricistas, acusó al gobierno federal de haber roto
el “pacto social, por no respetar la Constitución” y llamó a tomar
el Congreso el próximo 7 de febrero. Auguró que, dada la unión que
existe entre los sectores obrero y campesino, a “este movimiento no
lo va a parar ni todo el Ejército que han sacado a las calles”.
Francisco Hernández Juárez, uno de los presidentes colegiados de la
Unión Nacional de Trabajadores, remarcó que lo que se debe hacer es
“impulsar una alianza clasista e iniciar un movimiento para frenar
esta embestida. Hay que pensar en constituirnos en una fuerza capaz
de cambiar el rumbo del país”.
A su vez, Agustín Rodríguez, líder del STUNAM, hizo hincapié en que
lo que se requiere es una “gran alianza” del movimiento social,
campesino y obrero, porque la “crisis social dista mucho de estar
resuelta”.
Artemio Ortiz, en representación de la Coordinadora Nacional de
Trabajadores de la Educación, manifestó que el modelo neoliberal “ha
fracasado” y por ello “la gente del imperio quiere cargar su crisis
en la espalda de México, y también por eso (Felipe) Calderón hace
todo lo posible porque pasen la reformas estructurales. El gobierno
olvida que somos una raza invencible, somos hijos del maíz y éste
sólo morirá cuando muera el sol”.
Asimismo, emplazó al Presidente de la República y a “sus
neoliberales a respetar de manera irrestricta la Constitución, y si
no lo hacen es tiempo de que se vayan”. Subrayó que la de ayer no
debe ser la única manifestación y dijo que también se debe
movilizarse el 18 de marzo, el 10 de abril y el primero de mayo, a
fin de hacerle entender al gobierno que debe poner un alto a la
política neoliberal.
Durante la marcha, los contingentes obreros avanzaron detrás de los
campesinos. Más atrás se ubicaron los maestros de la CNTE y también
los de Diálogo Nacional y otras organizaciones sociales. Los
organizadores estimaron que participaron 200 mil personas; muchas no
lograron escuchar a los diez oradores, ya que a una hora de haber
iniciado el mitin aún seguían llegando a la plancha numerosos grupos
e incluso al concluir el acto varios seguían en las calles de Madero
y Eje Central.
Miguel Concha Malo, en su calidad de representante de las
organizaciones civiles, refrendó la adhesión del Frente Nacional
contra la Represión y otras agrupaciones al pronunciamiento y
acuerdo político en favor de la soberanía alimentaria, los derechos
de los trabajadores y las libertades democráticas.
“México es un país de leyes, pero sin justicia, por ello nos unimos
a las organizaciones que denuncian la criminalidad de la protesta
social como respuesta de los gobiernos a las legítimas demandas de
la sociedad”, acotó.
Desde temprano, los contingentes campesinos se reunieron en la
fuente de la Diana Cazadora y en el Ángel de la Independencia; allí,
con música y comparsas –incluso algunos refirieron que con esta
marcha de protesta iniciaban “el carnaval en la ciudad de México”–
esperaron más de seis horas desde que se inició la caminata, hasta
arribar al Zócalo acompañados por los 21 tractores del movimiento de
resistencia campesina Francisco Villa.
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Realizan marchas, mítines y
bloqueos en el país
Exigen miles la renuncia de Cárdenas Jiménez
Productores agropecuarios
solicitan más apoyo federal
Advierten sobre el riesgo de
posibles estallidos sociales
De los corresponsales
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Miles
de campesinos de todo el país alzaron la voz para rechazar la
apertura del capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio de
América del Norte (TLCAN), que da “el tiro de gracia” al campo
mexicano; exigieron la destitución del titular de la Secretaría de
Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa),
Alberto Cárdenas Jiménez, y advirtieron que en caso de que no se
renegocie dicho acuerdo se deja latente el surgimiento de
“estallidos sociales”.
La mayoría de los integrantes de organizaciones como el Congreso
Agrario Permanente, la Confederación Nacional Campesina y la Central
Campesina Cardenista, manifestaron su inconformidad principalmente
con la toma de las delegaciones de la Sagarpa en los estados, y
acusaron al titular de la dependencia de desconocer la situación
agropecuaria de México y de negarse a dialogar.
“¡Sacaremos a ese buey de la Sagarpa, sacaremos a ese buey de la
Sagarpa!”, corearon los campesinos que marcharon en la ciudad de
Campeche. “Sin maíz no hay país y sin frijol tampoco”, “¡No al TLCAN!”
y “Defendamos a la nación”, fueron algunas de las consignas que
manifestantes de prácticamente todos los estados de la República
gritaron o plasmaron en pancartas. “Alberto Cárdenas, con perdón del
burro”, decían tres mantas que cubrían a igual número de asnos que
acompañaron en su protesta a casi 500 campesinos de Culiacán,
Sinaloa.
Cierran carreteras y puentes internacionales
También hubo marchas –en algunos casos se concentraron en la capital
del país para participar en la megamarcha Sin maíz no hay país–,
plantones, mítines, clausura simbólica de dependencias, como las
secretarías de Economía, Desarrollo Social y de la Reforma Agraria,
así como bloqueo de vialidades, cruces fronterizos y puentes
internacionales.
Los trabajadores del campo contaron con el apoyo de numerosos
contingentes sindicales de maestros, burócratas, telefonistas,
universitarios, del Instituto Mexicano del Seguro Social,
organizaciones civiles e integrantes de partidos políticos,
principalmente de PRD, PRI y PT.
Exigieron más apoyos al sector agropecuario pues, dijeron, se carece
de canales adecuados de comercialización, lo que provoca que cada
año se pierdan miles de toneladas de diversos productos.

También pidieron que se cumpla en su totalidad el Acuerdo Nacional
para el Campo, la aplicación de un programa emergente de empleo
formal en zonas expulsoras de mano de obra y la promulgación de un
nuevo reglamento interno del Consejo Mexicano para el Desarrollo
Rural Sustentable.
Acusaron al gobierno de Felipe Calderón de no hacer lo suficiente
para defender a los campesinos mexicanos, quienes ahora se
encuentran en desventaja en relación con sus pares de Estados Unidos
y Canadá, cuyos gobiernos los apoyan con financiamiento y la entrega
de maquinaria.
Criticaron que, por el contrario, el gobierno federal ha desplegado
una campaña publicitaria en la que señala que el TLCAN ha
posibilitado que haya productos de mejor calidad, sin embargo, “nada
se ha hecho para apoyar realmente al campo mexicano”.
Por si fuera poco, señalaron, se han presentado aumentos notorios de
combustibles, insumos y productos básicos. Advirtieron que las
protestas continuarán y llegarán hasta donde sea necesario, porque
“no podemos permitir que el campo mexicano siga siendo arrasado por
las políticas neoliberales”, y no descartaron que en breve surjan
“estallidos sociales”.
Otras de las organizaciones que participaron en las marchas son la
Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas, Central Campesina
Independiente, El Barzón, Organización Campesina Emiliano Zapata,
Coordinadora Nacional Plan de Ayala y la Central Independiente de
Organizaciones Indígenas y Campesinas.
L. Chim, M. Sánchez, S. Ocampo, O, Vélez, E. Martínez, L. A. Boffil,
A. Mariscal, R. Ramón, J. Valdez, E. Henríquez, S. Maldonado, M.
Chávez, M. Diego, J. Chávez, R. Villalpando, C. Bañuelos, D.
Carrizales, J. C. Partida, A. T. Morales, C. Camacho, La Jornada
Morelos, La Jornada de Oriente y La Jornada San Luis. (Fotos: J. C.
González y V. Camacho)
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“El TLCAN es muy bueno, pero
para los pinches gringos”, decía una manta en el
Zócalo
El campo mexicano, desprotegido ante el
acuerdo comercial, advierten productores
Queremos ser supervivientes y
no perdedores de la alquimia neoliberal,
expresan campesinos
Luis Hernández Navarro
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El viejo y desvencijado
tractor que encabeza la descubierta de la marcha no arranca. Otros
más han echado a andar sus motores y se preparan para rodar sobre
Paseo de la Reforma. Faltan diez minutos para las cuatro de la tarde
y miles de campesinos aguardan el banderazo de salida. Dos
agricultores empujan la máquina descompuesta para que funcione. El
vehículo carraspea y tose, hasta que finalmente cede. La
manifestación comienza.
El tractor se asemeja a la situación del campo mexicano. Trabajado
en exceso, frágil y desprotegido en relación con las economías
contra las que se le ha puesto a competir, el mundo rural mexicano
sigue vivo gracias a los hombres y las mujeres que lo habitan, lo
hacen producir y le mandan remesas desde sus nuevos hogares en
Estados Unidos.
También tiene parecido con las movilizaciones contra el capítulo
agropecuario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).
Después de un prolongado letargo de casi 14 años de retraso,
interrumpido por unos cuantos episodios, las grandes protestas
contra el libre comercio agrícola finalmente ocupan las avenidas de
la política nacional.
Hace cinco años, un 31 de enero como hoy, se escucharon los primeros
gritos masivos para renegociar el tratado en el agro. Miles de
campesinos tomaron las calles de la ciudad de México. “Somos
sobrevivientes que se niegan a desaparecer”, dijo Alberto Gómez, en
el mitin central de aquellas jornadas de lucha. No hubo, sin
embargo, mucha fortuna. Las organizaciones campesinas perdieron en
la mesa de negociaciones lo que habían ganado en las plazas
públicas. La demanda original de renegociar el TLCAN se convirtió
en, apenas, un compromiso de realizar un estudio para medir los
impactos del acuerdo en el agro.
Pero más vale tarde que nunca. La movilización de ayer fue más
grande que la de hace cinco años. Nació de una curiosa confluencia
de centrales y convergencias campesinas de todo signo, en donde los
líderes desconfían entre sí, pero se necesitan unos a los otros. Una
convergencia en la que cada dirigente teme que el otro lo utilice
para negociar sus reivindicaciones particulares, en nombre del
conjunto. Una alianza que ha propiciado la emergencia de una
protesta más grande que ellos; de una movilización que por su
amplitud los rebasa, los desborda.
Se trata, además, de la más importante prueba de fuerza de masas
entre el gobierno de Felipe Calderón y la oposición gremial. Porque
lo que se fraguó en el Zócalo capitalino fue una alianza entre
organizaciones sociales del campo y la ciudad, en la que la
presencia de fuerzas político partidarias fue testimonial:
estuvieron pero no contaron, por más que traten de capitalizarla. Un
pulso en el que, mientras los campesinos gritan “¡Sacaremos a ese
buey de la Sagarpa!”, Germán Martínez Cázares, dirigente del partido
en el gobierno, afirma, con bravuconería e insensibilidad, que “el
PAN respalda ciento por ciento, con orgullo, al secretario de
Agricultura, Alberto Cárdenas”.
Son más de las cuatro de la tarde. Sobre Paseo de la Reforma, detrás
del destacamento de tractores que abre camino se agrupa la
descubierta de la marcha. Son todos hombres, en su mayoría mayores
de 50 años. Son los líderes de las llamadas organizaciones
campesinas nacionales y de una que otra regional. Han estado al
frente de ellas durante tres o cuatro décadas. La mayoría participó
en las luchas por la tierra de los 70 y algunos más en los intentos
por desarrollar la autogestión campesina. Casi todos han participado
en contiendas electorales. Los acompañan dirigentes obreros como
Francisco Hernández Juárez.
El primer contingente después de la descubierta es el de la
Confederación Nacional Campesina (CNC). Con mucho es el más
numeroso, seguido por la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas
(UNTA). Los destacamentos de la queniqué –como se le conoce en el
medio– van encabezados por un grupo de danzantes sonorenses que, sin
hacer caso al gobernador de su estado, Eduardo Bours –uno de los
principales defensores del tratado–, critican el acuerdo comercial y
funcionan como una especie de batucada indígena. Allí marchan
camisas rojas madracistas del estado de México, coreando las
consignas de la oposición de izquierda: “No somos uno, ni somos
cien/pinche gobierno ¡cuéntanos bien!”
Curiosa ironía ver en las calles decenas de mantas cenecistas
exigiendo la abrogación del TLCAN, cuando en el momento de su firma
ellos fueron sus principales valedores en el campo. Una ironía que,
en parte, se despeja con una pancarta en la que se muestra el
corazón de la actual disputa de la queniqué con la administración de
Felipe Calderón. “Reglas de operación aceptables para manejar el
presupuesto al campo”. O sea, objetan una maniobra mediante la cual
el gobierno federal centraliza el manejo sustantivo de una parte de
los recursos para el campo, que antes administraban los gobiernos de
los estados y algunas organizaciones campesinas.
Durante largos trayectos, la manifestación es un ejercicio de
protesta silencioso, apenas interrumpido por los contingentes de
sindicalistas y estudiantes que rompen el orden establecido y se
cuelan entre las filas de los labriegos, por un grupo de chinelos, y
por las distintas bandas de música y tamboras que amenizan el acto.
Sólo los destacamentos más vinculados a una tradición de izquierda,
como la CNPA o la CIOAC, hacen sentir su presencia a gritos. La
marcha es un recordatorio de que, por más que se pretenda presentar
a México como sociedad urbanizada, el mundo rural se hace presente
una y otra vez.
Lo sacan por la puerta de las estadísticas y los discursos
oficiales, y se cuela por las ventanas de la realidad. Hace dos
días, los productores de leche convirtieron al Monumento de la
Revolución en una especie de establo, con vacas y piensos incluidos,
al tiempo que regalaban 25 mil litros del lácteo. Así se debió ver
la plaza cuando en 1910 Porfirio Díaz comenzó su construcción. Hoy,
decenas de jinetes a caballo, como los que integran la Caballería
Zapatista de Milpa Alta, con un estandarte con la imagen del general
Emiliano Zapata al frente, recorren las calles del centro para
decir: ¡aquí estamos!
Una pancarta enarbolada por cientos de manifestantes dice: “El TLCAN
es muy bueno, pero para los pinches gringos...” Este 31 de enero,
miles de campesinos y trabajadores de la ciudad tomaron las calles
para decir que no quieren maíz y frijol proveniente de Estados
Unidos, sino granos y leguminosas sembrados por ellos en México.
Pretenden, como lo hizo el desvencijado tractor que encabezó la
manifestación, seguir siendo una clase de supervivientes y no los
perdedores de la alquimia neoliberal.
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Los envió Monsanto, denuncian
organizadores
Tractores “patrocinados”, primeros en llegar
al Zócalo
Miles de campesinos, en la
manifestación contra el TLC
Jaime Avilés (Foto: Marco
Peláez)
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Perversiones de la política: la
marcha nacional por la defensa del maíz mexicano llegó ayer al
Zócalo encabezada por una columna de 50 tractores que –de acuerdo
con una denuncia en poder de esta crónica– estaban “patrocinados por
Monsanto” para exigir su “derecho a sembrar maíz transgénico”.
Atrás venían los otros tractores, los que el 18 de enero salieron de
Ciudad Juárez, desde el puente fronterizo de El Chamizal, en la raya
entre Estados Unidos y México, y más atrás de éstos, miles y miles
de campesinos de todos los estados y todas las organizaciones
agrarias del país, así como obreros de fábrica y de industria,
colonos, militantes de movimientos sociales y mucha, mucha gente de
la ciudad de México que acudió por su propia cuenta.
La síntesis de los acuerdos que hicieron posible la manifestación –a
la que según organizadores se incorporaron más de 200 mil personas–
estaba en lo alto del templete, a lo largo de un telón de fondo que
encadenaba las siglas “CCI-CCN-CNC-CNTE-CONORP-FSM-CCD-UNORCA-UNT-UNTA”,
fuerzas políticas convocantes.

Los corresponsales extranjeros, libreta en mano, traducían y
deletreaban: Central Campesina Independiente, Central Campesina
Nacional, Confederación Nacional Campesina, Coordinadora Nacional de
Trabajadores de la Educación, Consejo Nacional de Organizaciones
Rurales y Pesqueras, Frente Sindical Mexicano, Confederación
Campesina Democrática, Unión Nacional de Organizaciones Regionales
Campesinas Autónomas, Unión Nacional de Trabajadores, Unión Nacional
de Trabajadores Agrícolas”.
Pero abajo, en la plancha del Zócalo, sobre la angosta calle Madero,
la avenida Juárez y el Paseo de la Reforma ondeaban las banderolas y
vibraban los gritos de los trabajadores de todos los ingenios
cañeros del país –que se identificaban por una cachucha roja–, los
militantes del sindicato de telefonistas y los siempre combativos
electricistas, muchos de los cuales desfilaban esta vez con las
camisetas de Luz y Fuerza del Centro, tan vapuleada por el huracán
del martes pasado y por la prensa de la ultraderecha que aprovechó
la magnitud de la desgracia para exigir, ahora sí airadamente, su
privatización.
En la esquina de Lázaro Cárdenas y Madero la senadora Rosario Ibarra
y un grupo de integrantes del Frente Nacional contra la Represión
exigían “la libertad de los presos y desaparecidos políticos de hoy,
de ayer y de siempre”. Al que no le calentaba ni el sol de la tarde
ni la energía que irradiaban tantas decenas de miles de seres
humanos unidos por el afán de mostrar su descontento, era al
dirigente campesino Pablo Gómez Caballero, hijo del legendario Pablo
Gómez, que en 1966 murió durante el asalto de la Liga Comunista 23
de Septiembre al cuartel de Madera, Chihuahua.
Después de atravesar el país acompañando a los tractores que
partieron desde Ciudad Juárez, el dirigente quería denunciar que, a
la hora en que la manifestación debía partir de la glorieta del
Ángel de la Independencia, encabezada por los vehículos de labranza,
otra columna de tractores se adelantó para adueñarse de la
descubierta.
Al frente de esas máquinas iba el también líder agrario de
Chihuahua, Armando Villarreal Marta, a quien, dijo Gómez Caballero,
“lo patrocinan la compañía transnacional Monsanto y la priísta CNC,
para que anden por todas partes exigiendo su supuesto derecho a
sembrar maíz transgénico”.
Y en efecto, eso era lo que repetían los bien impresos carteles de
los primeros tractores: “Por el derecho a sembrar maíz transgénico”.
Era lo único que faltaba. Por fortuna, casi nadie se enteró. Los que
llegaron al Zócalo –que sigue siendo medio Zócalo, debido al Museo
Nómada– se retiraron por 20 de Noviembre. En esos momentos, casi las
5 de la tarde, los últimos contingentes, formados por militantes de
El Barzón de Veracruz, cuyas mantas reiteraban la consigna del
momento –“Sin maíz no hay país”, a la que añadían “sin frijol
tampoco”– continuaban alrededor de la Diana, mientras en Reforma y
Juárez un señor clamaba a todo pulmón: “Sin maíz no hay cornflakes”.
Más adelante, cerca de una muchacha que iba desnuda, pero con la
piel pintada con granos y hojas de elote, un altavoz de los
telefonistas rimaba: “Mouriño, araña, regrésate a España”.
Sobre Madero, los trabajadores textiles de Ocotlán, Jalisco, le
mentaban la madre en sentidos versos a su patrón, el megaempresario
Moisés Saba, y entre contingentes de la Universidad Autónoma de la
Ciudad de México, el INBA, el Frente Francisco Villa, los indígenas
de la sierra mazateca, el Movimiento Los de Abajo, el Comité Mx Ac,
Flor y Canto, las logias masónicas del Valle de México, los colonos
de Ecatepec, y muchas siglas más, otro altavoz coreaba: “No es
Mickey Mouse, tampoco es Topo Gigio, es una pinche rata llamada
Felinillo”, y a partir de estas ocurrencias se derivaban múltiples
variaciones sobre el mismo tema. En el templete del Zócalo, mientras
tanto, en las voces de los múltiples oradores, iban y venían los
exhortos a la “unificación de todos los criterios y de todas las
luchas –como externó el padre Miguel Concha–, para lograr que el
gobierno cambie esta política lesiva a los intereses del pueblo y se
haga efectivo el reconocimiento de todas las libertades públicas”.
Hubo pocas alusiones a la inminente privatización de Petróleos
Mexicanos y ninguna a la lucha de Andrés Manuel López Obrador,
aunque muchos seguidores de éste abuchearon al eterno líder de los
trabajadores telefonistas, Francisco Hernández Juárez. En tanto,
otras manos quemaban una efigie del secretario de Agricultura,
Alberto Cárdenas, aderezada con cuernos de Belcebú, y otros
desgarraban una bandera estadunidense que no se dejaba incendiar;
múltiples brazos alzaban carteles con la leyenda: “Este es un
gobierno milpero: pone mil peros para ayudar a los campesinos”.
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MOVIMIENTO NACIONAL POR LA SOBERANÍA ALIMENTARIA,
LOS DERECHOS DE LOS TRABAJADORES
Y LAS LIBERTADES DEMOCRÁTICAS
Con el actual modelo neoliberal, la sociedad mexicana presenta
graves problemas de inequidad para alcanzar los satisfactores
mínimos consagrados en la Constitución. El desempleo, la pobreza y
la falta de libertades son constantes en detrimento de las clases
marginadas y mayoritarias del campo y la ciudad. Con el creciente
deterioro del medio ambiente y entrega de los recursos naturales, el
problema social se agrava, ha llegado el momento de revertirlo.
Ante la
demanda de modificar la política neoliberal, expresada en diversas
movilizaciones realizadas por
organizaciones
sindicales,
campesinas, indígenas, sociales, populares y civiles, se ha
profundizado la agresividad e insistencia del gobierno en mantener
esta política depredadora, privatizadora y excluyente que privilegia
los intereses de unos pocos por encima de los derechos de la
mayoría.
La entrada en vigor de la última etapa de desgravación de las
importaciones agropecuarias del TLCAN, la imposición del ASPAN, la
escalada de precios derivada de la aplicación del incremento a los
combustibles y el riesgo que representa para nuestro país la
inminente recesión de la economía de Estados Unidos, agudizan el
estancamiento de la economía nacional, el deterioro del campo y
aceleran la caída del nivel de vida de la mayoría de la población.
A lo que se
añade una reforma fiscal que, con nuevos impuestos, vulnera la
libertad de asociación de los mexicanos
al considerar a las organizaciones ciudadanas como empresas
mercantiles.
Durante años las propuestas de los campesinos no han sido tomadas en
cuenta y se han aplicado políticas contrarias al interés del campo y
la Nación. La alimentación es la primera condición de vida de 107
millones de mexicanos, dos millones de niños que anualmente hay que
alimentar, el sector primario es el sustento de supervivencia para
30 millones de ciudadanos del campo: la alimentación es un asunto de
Seguridad Nacional. La Soberanía Agroalimentaria es responsabilidad
de todos los mexicanos, es inseparable de la Soberanía Energética y
son requisito para mantener las libertades y la Soberanía de la
Nación. La política neoliberal y el TLCAN, han traído al país y al
campo, dependencia agroalimentaria, pobreza, desempleo,
descapitalización, falta de productividad, rentabilidad y
competitividad, migración, despojo y destrucción de nuestros
recursos nacionales.
Ante las movilizaciones sociales, el gobierno ha optado por la
cerrazón y el autoritarismo, violentando gravemente los derechos
humanos de la población. Se dejan en la impunidad delitos graves
perpetrados por efectivos del ejército y las policías.
Suman ya decenas de demandas por violación de mujeres y asesinatos
de civiles inocentes,
Se
arremete contra organizaciones sindicales, como en los casos de los
nucleares, sobrecargos y mineros, quebrantando sus derechos
adquiridos y sobre todo, el derecho de Huelga.
La aprobación de reformas en materia de Justicia Penal y Seguridad
Pública que, con el pretexto de combatir al crimen organizado,
cancelan derechos ciudadanos al lesionar libertades y garantías
individuales y al criminalizar la protesta social. Además se cierran
los espacios de los periodistas cuya labor resulta incómoda para el
gobierno o los círculos empresariales que le son afines.
La nula disposición del Ejecutivo para impulsar la renegociación del
capítulo agropecuario del TLCAN, y para atender y resolver las
demandas planteadas por la sociedad, dan cuenta de una situación en
la que la mayor parte de la clase política y las oligarquías
empresariales expresan su decisión de mantener y profundizar una
política económica y social excluyente, para beneficio de los
intereses de los capitales trasnacionales y de sus socios mexicanos.
Ello explica el anuncio de reformas que revelan un profundo
desprecio por nuestra historia, lesionan los derechos de los
trabajadores y comprometen severamente la Soberanía Energética de la
Nación.
La reforma
energética, promovida por el gobierno federal, ratifica la
aplicación de las políticas que imponen los organismos financieros
internacionales para sustraer los recursos naturales del país. La
privatización de instituciones y servicios públicos de seguridad
social y del sector energético, juega un papel fundamental para
reducir la inversión del gobierno y abrir nuevas oportunidades de
negocio a las voraces transnacionales. Para cumplir sus compromisos,
al gobierno mexicano poco le ha importado renunciar a sus
obligaciones consagradas en nuestra Carta Magna en materia de
Soberanía Nacional. Privatizan, aunque digan lo contrario, a través
de modificaciones a leyes secundarias, con recortes presupuestales a
las empresas e instituciones públicas, con el otorgamiento de
contratos y permisos que violentan las actividades reservadas
exclusivamente al Estado por la Constitución.
La reforma
laboral, auspiciada por el Poder Ejecutivo busca: autorizar
con cambios en varias leyes secundarias modificaciones a la Ley
Federal del Trabajo; legalizar la intromisión de la Secretaria del
Trabajo y de los patrones en la organización autónoma y exclusiva de
los trabajadores; nulificar el derecho de huelga; legitimar los
contratos de protección patronal; sustituir la jornada de ocho horas
por el trabajo por hora; impedir la estabilidad en el empleo;
desaparecer la antigüedad laboral con contratos temporales; ampliar
el tiempo de servicios para obtener la pensión o la jubilación;
abaratar la mano de obra nacional. Por ello, reiteramos nuestra
exigencia de discusión y consenso con todos los trabajadores a
partir del pleno respeto a los derechos adquiridos, ante cualquier
modificación a la Ley Federal del Trabajo.
Para hacer frente a la crisis del país, las
organizaciones que suscribimos el presente Acuerdo Político, hacemos
un llamado a todos los
sectores sociales comprometidos en la lucha por la
democratización y transformación
de nuestro país, a participar en el “MOVIMIENTO NACIONAL
POR LA SOBERANÍA ALIMENTARIA, LOS DERECHOS DE LOS TRABAJADORES Y LAS
LIBERTADES DEMOCRÁTICAS”, será un amplio movimiento social,
plural y solidario capaz
de desarrollar la movilización indispensable para impulsar una nueva
correlación de fuerzas que
modifique la actual política económica y social Neoliberal.
Luchamos por la restitución de la legalidad constitucional
porque en ese contexto es posible generar las condiciones para
democratizar el régimen político y modificar la política económica.
Para consolidar nuestro movimiento asumimos los siguientes
compromisos:
Modificar la política neoliberal de subordinación, dependencia y
pérdida de Soberanía ante poderes externos; por otro modelo de
desarrollo basado en los campesinos, trabajadores, empresas públicas
y nacionales, utilizando la renta petrolera exclusivamente para el
desarrollo nacional, que garantice el desarrollo humano, de
crecimiento económico, la generación de empleos y la disminución de
las desigualdades de todos los mexicanos, en todas las regiones, con
pleno respeto a todas las libertades y bajo condiciones de Soberanía
Nacional. Fortalecer la democracia con la participación de las
organizaciones sociales en las decisiones públicas y fortalecer la
cultura e identidad nacionales.
Renegociar el capítulo agropecuario del TLCAN con la participación
de las organizaciones campesinas; expedición inmediata de un decreto
presidencial o una ley para establecer un mecanismo de
administración del comercio de maíz y frijol y la creación de una
reserva estratégica de granos con los campesinos.
defensa de la soberanía
agroalimentaria, de los territorios campesinos e indígenas;
reconocimiento constitucional del derecho a la alimentación;
aprobación de la Ley de Planeación para la Soberanía y Seguridad
Agroalimentaria y Nutricional; y, creación de Fondos Compensatorios
para el Trabajo Rural y Urbano.
Defender la propiedad social de la tierra -ejidos y comunidades-
como patrimonio de las familias campesinas. Modificar la
contrarreforma al Artículo 27 Constitucional, restituyendo a los
campesinos el derecho a la tierra como un derecho al trabajo.
Reconocer las actividades que desarrollan las organizaciones
campesinas como de interés público; exigimos la modificación de las
políticas públicas y nuestra participación en el diseño, ejecución y
evaluación de las mismas, y el presupuesto federal del sector rural
mediante una reforma institucional que evite el manejo corporativo,
clientelar y electoral de los programas e incluya como destinatarios
y sujetos de desarrollo a la clase campesina. Ratificación y
cumplimiento del Acuerdo Nacional para el Campo, mediante la firma
del Adendo acordado con los campesinos.
Cumplimiento de los acuerdos sobre derechos y cultura indígena.
Defender la economía popular; fortalecer el mercado interno, con la
creación de empleos estables y bien remunerados; combatir la
carestía por medio del control de precios de la canasta básica;
impulsar la recuperación del poder adquisitivo de los salarios,
incrementando su participación en el ingreso nacional; exigiendo
aumento general de emergencia; y, diseñar políticas de desarrollo
social que superen la visión asistencialista.
Defensa de los derechos laborales adquiridos; de la contratación
colectiva auténtica con democracia e independencia sindical; del
derecho de huelga; del derecho a jubilaciones y pensiones dignas, de
la seguridad social universal. Rechazo a la nueva Ley del ISSSTE.
Apoyaremos los procesos de revisiones contractuales y salariales, en
especial los que involucran a los trabajadores de las universidades
públicas.
Defensa de la soberanía energética revirtiendo las privatizaciones y
acabando con participación privada abierta o simulada en el
petróleo, gas, agua y electricidad. Respeto irrestricto de la
legalidad constitucional.
Derogar la ASPAN y la Iniciativa Mérida, que promueven el estado de
excepción y la militarización, garantía integral de los derechos
humanos, resolución de los casos de violación vinculados a la
protesta social y aquellos en los que han sido señalados miembros
del ejército y las policías, erradicación de toda violencia contra
las mujeres, perpetrada o tolerada por agentes del Estado.
Liberación de los presos políticos.
Respetar la libertad de asociación, de expresión y de acceso a la
información; freno a la concentración de los medios de comunicación
social; nueva ley de medios electrónicos que incluya el otorgamiento
de un sistema de concesiones de radio y televisión para las
organizaciones sociales y civiles e instituciones de educación y
cultura; impulso a la democracia participativa con el
establecimiento de mecanismos de participación social en las
políticas públicas en los diversos órdenes de gobierno. Demandamos
el otorgamiento de concesiones para las organizaciones sociales de
señales de televisión y de radio, abiertas y con alcance nacional.
Defender la identidad y el carácter nacional de nuestra cultura,
frenar las privatizaciones en el sector de la educación, impulsar la
educación pública, gratuita, laica y de excelencia académica, así
como la cultura y la investigación científica y tecnológica.
Por un desarrollo ecológicamente sustentable, defendiendo nuestros
recursos naturales, tierra, agua, bosques, biodiversidad y
germoplasma nativo. Rechazamos la siembra de transgénicos y exigimos
la implementación de programas de investigación con un sentido de
desarrollo nacional que esclarezca los riesgos de su uso.
Los ejes fundamentales de nuestras acciones;
Convocar a todas las
expresiones campesinas, sindicales, sociales,
ciudadanas y
al pueblo en general, agraviados por la actual política
gubernamental
a participar en nuestro plan de
lucha cuyo punto de partida es la gran marcha
Nacional del 31 de enero y que
incluye las
movilizaciones del 7
de febrero, del 6 de marzo,
del 18 de
marzo, del 10 de abril y del 1° de Mayo, entre otras acciones que
llevaremos a cabo durante el año en curso.
Construir un movimiento que
se extenderá a todos Estados y regiones de la República
Mexicana, propiciando la articulación de estrategias y acciones
entre las organizaciones participantes.
Impulsar una alianza entre
los diversos sectores sociales democráticos del país con una
perspectiva de largo plazo, que inicia con la suscripción del
presente Acuerdo Político.
Promover la vinculación y solidaridad con organizaciones
internacionales afines.
Exigir al Ejecutivo Federal y convocar al Poder Legislativo,
a la Conferencia Nacional de Gobernadores y a los distintos órdenes
de gobierno, para que conforme a sus atribuciones constitucionales
resuelvan nuestras propuestas.
Articular las principales
demandas de las organizaciones campesinas, sindicales, y ciudadanas
para construir una agenda integral, no fragmentable, que
exigiremos por medio de la movilización. Elaboraremos propuestas y
alternativas para solucionar la grave crisis política y social del
país.
¡BASTA YA, RENEGOCIACIÓN
DEL CAPÍTULO AGROPECUARIO DEL TLCAN!
¡RESCATEMOS AL CAMPO PARA RESCATAR A MÉXICO!
¡LA PATRIA NO SE VENDE, LA PATRIA SE DEFIENDE!
Fraternalmente
México, D. F., a 28 de enero de 2008
Confederación Nacional Campesina; Consejo Nacional de Organismos
Rurales y Pesqueros; Unión Nacional de Organizaciones Regionales,
Campesinas Autónomas; Central Campesina Independiente; Unión
Campesina Democrática; Campaña Nacional en Defensa de la Soberanía
Alimentaria y la Reactivación del Campo, “Sin Maíz no hay País y sin
Frijol Tampoco, ¡Pon a México en tu boca!”, Unión Nacional de
Trabajadores Agrícolas; Coalición Ciudadana Nacional, Diálogo
Nacional, Unión Nacional de Trabajadores, Coordinadora Nacional de
Trabajadores de la Educación, Federación Nacional de Sindicatos
Universitarios, Coordinadora Nacional de Sindicatos Universitarios
de la Educación Superior; Sindicato Nacional de Trabajadores
Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana, Frente
Sindical Mexicano.
Responsable de la publicación Fernando Amezcua Castillo,
secretario
del Exterior del Sindicato Mexicano de Electricistas
VER MANIFIESTO Y LLAMAMIENTO AL PUEBLO DE
MÉXICO
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