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CRISIS CLIMÁTICA
Documentos de discusión hacia CANCÚN
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Crisis climática y agricultura
campesina
Documento de trabajo
de la Asamblea Nacional de Aniversarios
Atoyac de Álvarez, 28 de agosto de 2010
1.- La crisis
del clima ya ha sido caracterizada por científicos del mundo entero
como la peor amenaza que haya tenido la humanidad en toda su
historia. Sus causas principales son el modelo de producción y
consumo impuesto por el capitalismo, y la revolución industrial
basada en el uso del petróleo con emisión de gases de efecto
invernadero (GEI). Esos gases están engrosando las capas de la
atmósfera y provocando un sobrecalentamiento del planeta. Todos los
países y personas tenemos una responsabilidad histórica común, pero
diferenciada. Las sociedades ricas son las principales
contaminadoras y Estados Unidos de América, con el 5 por ciento de
la población mundial, emana el 25 por ciento de los GEI. Nuestro
vecino del norte, a causa del consumo ilimitado, ha venido
aumentando sus emisiones hasta llegar actualmente a más de 20
toneladas anuales de bióxido de carbono (CO2) por habitante. Ello representa más de 9 veces las emisiones
correspondientes a un habitante promedio de los países en
desarrollo, y más de 20 veces las emisiones de un habitante de
África Subsahariana. Esta situación está en el centro de los
reclamos de justicia climática porque los países pobres son los
primeros en sufrir las consecuencias de un problema que no ha sido
causado por ellos.
2. El cambio
climático es un hecho cuyas consecuencias ya estamos viviendo. El
incremento en la intensidad y frecuencia de los huracanes,
inundaciones o sequías y otras perturbaciones meteorológicas son
parte de este fenómeno que ya nos está afectando seriamente en
infraestructura, producción, salud y vidas humanas. Si no se toman
medidas fuertes, el incremento de temperatura podría ser mayor a
2°C para 2050, pero basta medio grado para alterar el equilibrio
climático.
Este será el
tema de la reunión de Cancún denominada XVI Conferencia de las
Partes (COP16) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre
Cambio Climático. Durante ella, entre el 29 de noviembre y el 10 de
diciembre, la UNORCA y la Vía Campesina, y otras organizaciones afines,
llevaremos a cabo el Foro Alternativo de los Pueblos para contrastar
la reunión de los gobiernos dando a conocer nuestras críticas,
demandas y propuestas. El antecedente inmediato es la Conferencia
Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y los Derechos de la
Madre Tierra, llevada a cabo en abril, en Cochabamba, Bolivia, y el
encuentro paralelo a la COP15 en diciembre de 2009, en Copenhague.
3. En México
no hay un sólo sector de la economía, población o región que quede a
salvo de los impactos de la alteración del clima. Nuestro país se
ubica entre los de mayor vulnerabilidad, debido a que 15 por ciento
de su territorio nacional, 68.2 por ciento de su población y 71 por
ciento de su producto interno bruto (PIB) se encuentran altamente
expuestos al riesgo de impactos directos del cambio climático.
Nuestra
biodiversidad ya está siendo afectada y algunas especies se ven
obligadas a desplazarse y para otras aumenta el riesgo de extinción.
El incremento
de la temperatura y la fluctuación de las lluvias afectarán a los
ecosistemas y especies más asociados con climas frescos y húmedos.
Se considera que entre 20 por ciento y 46 por ciento de las
superficies de los bosques de pinos y encinos resultarán gravemente
dañados entre los años 2020 y 2050.
Cerca del 63
por ciento del país será perjudicado y las áreas que presentarán los
mayores impactos climáticos serán los matorrales y pastizales.
La crisis
climática agudizará el problema del agua, más regiones sufrirán
escasez, y habrá casos extremos como el Valle de México y el
noroeste de la república. En el Distrito Federal, Veracruz y
Mexicali se han intensificado las olas de calor en años recientes.
Algunas
enfermedades respiratorias y alergias ya se han agravado como
consecuencia de las alteraciones del clima. Los ciclos de
transmisión de enfermedades como el dengue se incrementarán en
algunas áreas del Golfo de México. Para el norte del país, se
registra una relación significativa entre la temperatura y la
mortalidad por golpe de calor.
La pérdida
económica en la producción agrícola podría superar los 20 mil
millones de pesos. Es decir, si se toma en cuenta que el valor de la
producción de los cultivos importantes es del orden de los $39 mil
millones, la pérdida anual en la producción debido al cambio
climático podría ser mayor al 50 por ciento. Los impactos en la
economía mexicana podrían alcanzar hasta el 40 por ciento del PIB
para fines de siglo.
4. Nuestra
estrategia rumbo a Cancún incluye demandas concretas y metas a
realizar en esta etapa de lucha. En primer lugar, es necesario que
nuestra base esté bien informada y que la sociedad tome conciencia
del problema.
Nuestra
exigencia apunta a que los gobiernos de los países ricos se
comprometan en la segunda etapa del Protocolo de Kioto, a partir de
2012, y que no ignoren estos acuerdos por la vía de eludir su
discusión. No se puede dejar de mencionar la aberración de que el
país más contaminante (EUA) se haya negado hasta la fecha a firmar
dichos acuerdos.
Retomando los
acuerdos de Cochabamba, demandamos que los países industrializados
reduzcan sus emisiones en un 50% hacia el final de la segunda década
del siglo, respecto a 1990, para que la temperatura no aumente en
más de un grado centígrado.
Es necesario
que los países ricos aporten recursos suficientes (al menos el 1% de
su PIB) para fortalecer el fondo que apoye proyectos en los demás
países para reducir los GEI, como el cambio a fuentes de energía no
contaminantes, y su aplicación se lleve a cabo con metas
específicas.
5. Es urgente
crear instancias que sancionen a quienes no cumplan o no se
comprometan con las verdaderas soluciones a la crisis climática. Y
todas las medidas que se apliquen deben ser consultadas con las
sociedades de todas las naciones y aprobadas mediante referéndum.
6. Demandamos
que el gobierno mexicano se comprometa con estas propuestas y las
que surjan de la sociedad civil así como de los científicos
preocupados, y no se limite a organizar un evento que funcione bien
pero sin compromisos de fondo.
7. Nos
pronunciamos por que se fortalezcan las agriculturas campesinas e
indígenas que utilizan menores cantidades de energía de origen
fósil, que se prohíba el uso de las semillas transgénicas y de los
agrocombustibles.
Se debe
avanzar hacia el fortalecimiento de los mercados internos para que
los alimentos que producimos no deban recorrer grandes distancias
para ser consumidos, lo cual requiere mayor gasto de energía.
Sostenemos
que las políticas públicas sobre cambio climático no se deben
constreñir a medidas de mitigación y adaptación, menos aún de
mercantilización, sino que deben ir encaminadas al cambio de modelos
de producción y consumo, porque ahí está la raíz de la crisis
climática.
8. El
presupuesto para el campo debe enfocarse a promover la agricultura
campesina sustentable y la producción orgánica así como a recuperar
la soberanía alimentaria apoyando a ejidatarios, comuneros y
pequeños propietarios, porque ésa es la única forma de agricultura
que contribuye a detener el calentamiento global. Los indígenas y
campesinos alimentamos a la humanidad y podemos contribuir a enfriar
el planeta. Entre las propuestas alternativas está el fomento de la
milpa tradicional, con semillas nativas y producción orgánica,
porque está demostrada su viabilidad ambiental y productiva.
Demandamos
también generalizar el uso de energías renovables en la operación de
pozos para riego así como el empleo de fertilizantes que no tengan
como base la petroquímica.
Es necesario
disminuir el uso de vehículos particulares, fortalecer el transporte
público e incentivar el uso de la bicicleta.
Entre otras
cosas, hay que reducir la aglomeración urbana, hay que abastecer a
las ciudades con los productos sostenibles de las áreas rurales más
cercanas. Hay que reducir los traslados al trabajo y a la escuela.
9. Nos
preocupa que los recursos para el desarrollo de programas de
energías limpias y acciones para combatir los efectos negativos del
cambio climático en el país, se apliquen en beneficio de las
trasnacionales como ocurre ahora mismo con buena parte del dinero
público. No estamos de acuerdo en que las empresas multinacionales
vean en la crisis climática una oportunidad más de incrementar sus
ganancias a costillas de nosotros y de la viabilidad del planeta.
10. Cambiemos
el sistema, no el clima.
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¡Miles de Cancún por la justicia climática!
La Vía Campesina convoca a
los movimientos sociales
y llama al pueblo a movilizarse
La gente construye soluciones ante la crisis del
clima
Los movimientos sociales de todo el mundo se están movilizando para
la 16ª Conferencia de las Partes (COP 16) de la Convención Marco de
Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC) que se celebrará
en Cancún, del 29 de noviembre al 10 de diciembre de 2010.
La COP 15 en Copenhague demostró la incapacitad de la mayoría de los
gobiernos para enfrentarse a las causas reales del caos climático.
La presión de los EE.UU. logró la aprobación antidemocrática del
llamado "Entendimiento de Copenhague", con el fin de desconocer los
débiles compromisos de Kioto de Naciones Unidas y dejar sólo
mecanismos voluntarios en base al mercado.
Las negociaciones climáticas se han convertido en un gran mercado.
Los países industrializados, históricamente responsables de la
mayoría de las emisiones de gases de efecto invernadero, están
inventando todos los trucos posibles para evitar reducirlas. Por
ejemplo, el "Mecanismo para un Desarrollo Limpio" (MDL) del
protocolo de Kioto permite a los países seguir contaminando y
consumiendo como de costumbre, a cambio de pagos mínimos para que
supuestamente los países del Sur reduzcan sus emisiones. Lo que en
realidad ocurre es que las empresas ganan doblemente: por contaminar
y por vender falsas soluciones.
Monsanto pretende convencernos que su soya Roundup Ready puede
calificar para los créditos de carbono porque contribuiría a reducir
los gases que calientan el planeta mediante acumulación de materia
orgánica en el suelo. Las comunidades que viven donde hay
monocultivos de soya son una muestra viviente de los efectos
mortales y destructivos de dichas siembras. Argumentos falsos
similares se utilizan para vender créditos de carbono en base a
monocultivos forestales, el cultivo de agrocombustibles, o la
producción industrial de ganado.
Muchos gobiernos de los países del Sur, encandilados por las
potenciales ganancias, están apostando a estas falsas soluciones y
negándose a implementar medidas que efectivamente enfrenten el
cambio climático, como dar apoyo a la agricultura campesina
sostenible, orientar la producción hacia los mercados internos,
establecer efectivas políticas de ahorro de energía por parte de la
industria, etc.
Exigimos la aplicación de las miles de soluciones de los pueblos
ante la crisis climática
Ya es hora de que la Convención Marco de Naciones Unidas para el
Cambio Climático propicie políticas sólidas para contribuir a
solucionar el caos climático. Es preciso que los países se
comprometan de manera firme y vinculante para reducir radicalmente
las emisiones de gases y cambiar por completo su modo de producción
y consumo.
El cambio climático también está agudizando la crisis de la
migración. Las sequías, las tormentas con terribles inundaciones, la
contaminación del agua y el deterioro del suelo, así como otros
impactos destructivos del desastre ambiental neoliberal, están
provocando un desplazamiento de millares de personas, principalmente
mujeres y campesinos arruinados, de sus comunidades rurales hacia
las ciudades y hacia el Norte buscando desesperadamente su
sobrevivencia y la de sus familias. Se calcula que 50 millones de
personas han sido forzadas a emigrar debido a los efectos
climáticos. Estos "desplazados climáticos" han venido a engrosar las
filas de los más de 200 millones de seres humanos, según la
Organización Internacional de las Migraciones (OIM), que hoy
representan la peor crisis migratoria que ha enfrentado la
humanidad.
Las soluciones existen. Más de 35,000 personas se reunieron en abril
en Cochabamba, Bolivia en la Conferencia Mundial de los Pueblos
sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra
ampliando nuevas visiones y propuestas para salvar al planeta. Son
estas miles de soluciones que surgen desde los pueblos las que
enfrentan efectivamente la crisis climática.
Exigimos a la CMNUCC que adopte las demandas del Acuerdo de los
Pueblos de Cochabamba y que rechace todas las soluciones falsas que
se estén tramando. Entre ellas:
Defender los derechos de la tierra y el bosque: Rechazamos la
iniciativa REDD + (reducción de las emisiones por deforestación y
degradación). La protección de los bosques y la reforestación de
los bosques degradados es una obligación de todos los gobiernos que
debe implementarse sin limitar la autonomía, los derechos o el
control de los pueblos indígenas y campesinos sobre la tierra y los
territorios, y sin que sirva de excusa para que otros países y
corporaciones sigan contaminando y sembrando monocultivos de
árboles. Los derechos territoriales y culturales de los pueblos
indígenas y de los campesinos deben reconocerse explícitamente en
cualquier acuerdo climático.
Refutar la geoingeniería: Las propuestas a gran escala para
alterar deliberadamente el clima, como el biochar y las plantas
modificadas genéticamente para lograr un supuesto incremento de la
reflectividad y la resistencia a las sequías, el calor y la sal, la
fertilización del mar o la creación masiva de nubes sólo crea nuevos
problemas inmanejables, no son soluciones. La geoingeniería es sólo
un ejemplo más de cómo las empresas transnacionales están dispuestas
a jugar con el futuro del planeta y la humanidad con el fin de crear
nuevas fuentes de ganancias.
Rechazar todos los esquemas de comercio de carbono y los
Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL): El comercio de carbono ha
probado ser extremadamente lucrativo en términos de generación de
ganancias para los inversionistas, sin embargo ha fallado
rotundamente en la reducción de gases de efecto invernadero. En el
"mercado de carbono" recientemente inventado, el precio del carbono
continúa cayendo en picada, lo cual fomenta aún más la
contaminación. Las emisiones de carbono deben reducirse en la fuente
en vez de permitir que se pague por tener el derecho a contaminar.
Repudiar cualquier participación del Banco Mundial en la
gestión de los fondos y políticas relacionadas con el cambio
climático.
Necesitamos millones y millones de comunidades campesinas y
territorios indígenas para alimentar la humanidad y enfriar el
planeta
La investigación científica muestra que los pueblos campesinos e
indígenas podríamos reducir las emisiones globales actuales al 75
por ciento al incrementar la biodiversidad, recuperar la materia
orgánica del suelo, sustituir la producción industrial de carne por
una producción diversificada a pequeña escala, expandir los mercados
locales, parar la deforestación y hacer un manejo integral del
bosque.
La agricultura campesina no sólo contribuye positivamente al
equilibro del carbono del planeta, sino que crea también 2 mil 800
millones de puestos de trabajo, para hombres y mujeres en todo el
mundo, y es el mejor modo de luchar contra el hambre, la
desnutrición y la crisis alimentaria actual.
El pleno derecho a la tierra y la recuperación de los territorios,
la soberanía alimentaria, el acceso al agua como bien social y
derecho humano, el derecho a usar, conservar e intercambiar
libremente las semillas, la desconcentración y fomento a los
mercados locales, son condiciones indispensables para que los
pueblos campesinos e indígenas sigamos alimentando el mundo y
enfriando el planeta.
¡Únete a nosotros organizando miles de Cancún!
Junto a diversas organizaciones instalaremos un campamento en
Cancún, que unirá la fuerza y la resistencia de los pueblos
campesinos del mundo, que ya estamos enfriando el planeta.
Llamamos a los movimientos sociales, las organizaciones populares y
a los pueblos de todo el mundo a organizar miles de protestas y
acciones en rechazo a las falsas soluciones y las soluciones de
mercado. Nos declaramos en movilización permanente hasta derrotar
las negociaciones de gran mercado en Cancún en diciembre.
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International Operational Secretariat
La Vía Campesina
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www.viacampesina.org
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Acuerdo de los
Pueblos
Cochabamba, Bolivia. 22 de abril
de 2010
Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los
Derechos de la Madre Tierra
Construyendo el Movimiento Mundial de los Pueblos por la Madre
Tierra
Hoy, nuestra Madre Tierra está
herida y el futuro de la humanidad está en peligro. De incrementarse
el calentamiento global en más de 2º C, a lo que nos conduciría el
llamado “Entendimiento de Copenhague”, existe el 50% de
probabilidades de que los daños provocados a nuestra Madre Tierra
sean totalmente irreversibles. Entre un 20% y un 30% de las especies
estaría en peligro de desaparecer. Grandes extensiones de bosques
serían afectadas, las sequías e inundaciones afectarían diferentes
regiones del planeta, se extenderían los desiertos y se agravaría el
derretimiento de los
polos y los glaciares en los Andes y los Himalayas. Muchos Estados
insulares desaparecerían y el África sufriría un incremento de la
temperatura de más de 3º C. Así mismo, se reduciría la producción de
alimentos en el mundo con efectos catastróficos para la
supervivencia de los habitantes de vastas regiones del planeta, y se
incrementaría de forma dramática el número de hambrientos en el
mundo, que ya sobrepasa la cifra de 1,020 millones de personas.
Las corporaciones y los gobiernos de los países denominados “más
desarrollados”, en complicidad con un segmento de la comunidad
científica, nos ponen a discutir el cambio climático como un
problema reducido a la elevación de la temperatura sin cuestionar la
causa que es el sistema capitalista. Confrontamos la crisis terminal
del modelo civilizatorio patriarcal basado en el sometimiento y
destrucción de seres humanos y naturaleza que se aceleró con la
revolución industrial.
El sistema capitalista nos ha impuesto una lógica de competencia,
progreso y crecimiento ilimitado. Este régimen de producción y
consumo busca la ganancia sin límites, separando al ser humano de la
naturaleza, estableciendo una lógica de dominación sobre ésta,
convirtiendo todo en mercancía: el agua, la tierra, el genoma
humano, las culturas ancestrales,
la biodiversidad, la justicia, la ética, los derechos de los
pueblos, la muerte y la vida misma. Bajo el capitalismo, la Madre
Tierra se convierte en fuente sólo de materias primas y los seres
humanos en medios de producción y consumidores, en
personas que valen por lo que tienen y no por lo que son. El
capitalismo requiere una potente industria militar para su proceso
de acumulación y el control de territorios y recursos naturales,
reprimiendo la resistencia de los pueblos. Se trata de un sistema
imperialista de colonización del planeta.
La humanidad está frente a una gran disyuntiva: continuar por el
camino del capitalismo, la depredación y la muerte, o emprender el
camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida.
Requerimos forjar un nuevo sistema que restablezca la armonía con la
naturaleza y entre los seres humanos. Sólo puede haber equilibrio
con la naturaleza si hay equidad entre los seres humanos.
Planteamos a los pueblos del mundo la recuperación, revalorización y
fortalecimiento de los conocimientos, sabidurías y prácticas
ancestrales de los Pueblos Indígenas, afirmados en la vivencia y
propuesta de “Vivir Bien”, reconociendo a la Madre Tierra como un
ser vivo, con el cual tenemos una relación indivisible,
interdependiente, complementaria y espiritual.
Para enfrentar el cambio climático debemos reconocer a la Madre
Tierra como la fuente de la vida y forjar un nuevo sistema basado en
los principios de:
• Armonía y equilibrio entre todos y con todo
• Complementariedad, solidaridad, y equidad
• Bienestar colectivo y satisfacción de las necesidades
fundamentales de todos en armonía con la Madre Tierra
• Respeto a los Derechos de la Madre Tierra y a los Derechos Humanos
• Reconocimiento del ser humano por lo que es y no por lo que tiene
• Eliminación de toda forma de colonialismo, imperialismo e
intervencionismo
• Paz entre los pueblos y con la Madre Tierra.
El modelo que propugnamos no es de desarrollo destructivo ni
ilimitado. Los países necesitan producir bienes y servicios para
satisfacer las necesidades fundamentales de su población, pero de
ninguna manera pueden continuar por este camino de desarrollo en el
cual los países más ricos tienen una huella ecológica 5 veces más
grande de lo que el planeta
es capaz de soportar. En la actualidad ya se ha excedido en más de
un 30% la capacidad del planeta para regenerarse. A este ritmo de
sobreexplotación de nuestra Madre Tierra se necesitarían 2 planetas
para el 2030.
En un sistema interdependiente del cual los seres humanos somos uno
de sus componentes no es posible reconocer derechos solamente a la
parte humana sin provocar un desequilibrio en todo el sistema. Para
garantizar los derechos humanos y restablecer la armonía con la
naturaleza es necesario reconocer y aplicar efectivamente los
derechos de la Madre Tierra.
Para ello proponemos el proyecto adjunto de Declaración Universal de
Derechos de la Madre Tierra en el cual se consignan:
• Derecho a la vida y a existir;
• Derecho a ser respetada;
• Derecho a la regeneración de su biocapacidad y continuación de sus
ciclos y procesos vitales libre de alteraciones humanas;
• Derecho a mantener su identidad e integridad como seres
diferenciados, auto-regulados e interrelacionados;
• Derecho al agua como fuente de vida;
• Derecho al aire limpio;
• Derecho a la salud integral;
• Derecho a estar libre de la contaminación y polución, de desechos
tóxicos y radioactivos;
• Derecho a no ser alterada genéticamente y modificada en su
estructura amenazando su integridad o funcionamiento vital y
saludable.
• Derecho a una restauración plena y pronta por las violaciones a
los derechos reconocidos en esta Declaración causados por las
actividades humanas.
La visión compartida es estabilizar las concentraciones de gases de
efecto invernadero para hacer efectivo el Artículo 2 de la
Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático que
determina “la estabilización de las concentraciones de gases de
efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida
interferencias antropogénicas peligrosas para el sistema climático”.
Nuestra visión es, sobre la base del principio de las
responsabilidades históricas comunes pero diferenciadas, exigir que
los países desarrollados se comprometan con metas cuantificadas de
reducción de emisiones que permitan retornar las concentraciones de
gases de efecto invernadero en la atmósfera a 300 ppm y así, limitar
el incremento de la temperatura media global a un nivel máximo de
1°C.
Enfatizando la necesidad de acción urgente para lograr esta visión,
y con el apoyo de los pueblos, movimientos y países, los países
desarrollados deberán comprometerse con metas ambiciosas de
reducción de emisiones que permitan alcanzar objetivos a corto
plazo, manteniendo nuestra visión a favor del equilibrio del sistema
climático de la Tierra, de acuerdo al
objetivo último de la Convención.
La “visión compartida” para la “Acción Cooperativa a Largo Plazo” no
debe reducirse en la negociación de cambio climático a definir el
límite en el incremento de la temperatura y la concentración de
gases de efecto invernadero en la atmósfera, sino que debe
comprender de manera integral y equilibrada un conjunto de medidas
financieras, tecnológicas, de adaptación, de desarrollo de
capacidades, de patrones de producción, consumo y otras esenciales
como el reconocimiento de los derechos de la Madre Tierra para
restablecer la armonía con la naturaleza.
Los países desarrollados, principales causantes del cambio
climático, asumiendo su responsabilidad histórica y actual, deben
reconocer y honrar su deuda climática en todas sus dimensiones, como
base para una solución justa, efectiva y científica al cambio
climático. En este marco exigimos a los países desarrollados que:
• Restablezcan a los países en desarrollo el espacio atmosférico que
está ocupado por sus emisiones de gases de efecto invernadero. Esto
implica la descolonización de la atmósfera mediante la reducción y
absorción de sus emisiones.
• Asuman los costos y las necesidades de transferencia de tecnología
de los países en desarrollo por la pérdida de oportunidades de
desarrollo por vivir en un espacio atmosférico restringido.
• Se hagan responsables por los cientos de millones que tendrán que
migrar por el cambio climático que han provocado y que eliminen sus
políticas restrictivas de migración y ofrezcan a los migrantes una
vida digna y con todos los derechos en sus países.
• Asuman la deuda de adaptación relacionadas a los impactos del
cambio climático en los países en desarrollo proveyendo los medios
para prevenir, minimizar y atender los daños que surgen de sus
excesivas emisiones.
• Honren estas deudas como parte de una deuda mayor con la Madre
Tierra adoptando y aplicando la Declaración Universal de los
Derechos de la Madre Tierra en las Naciones Unidas.
El enfoque debe ser no solamente de compensación económica, sino
principalmente de justicia restaurativa – es decir restituyendo la
integridad a las personas y a los miembros que forman una comunidad
de vida en la
Tierra.
Deploramos el intento de un grupo de países de anular el Protocolo
de Kioto el único instrumento legalmente vinculante específico para
la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de los
países desarrollados. Advertimos al mundo que no obstante estar
obligados legalmente las emisiones de los países desarrollados en
lugar de reducir, crecieron en un 11,2% entre 1990 y 2007.
Estados Unidos a causa del consumo ilimitado aumentó sus emisiones
de GEI en 16,8% durante el periodo 1990 al 2007, emitiendo como
promedio entre 20 y 23 toneladas anuales de CO2 por habitante, lo
que representa más de 9 veces las emisiones correspondientes a un
habitante promedio del Tercer Mundo, y más de 20 veces las emisiones
de un habitante de África Subsahariana.
Rechazamos de manera absoluta el ilegitimo “Entendimiento de
Copenhague”, que permite a estos países desarrollados ofertar
reducciones insuficientes de gases de efecto invernadero, basadas en
compromisos voluntarios e individuales, que violan la integridad
ambiental de la Madre Tierra conduciéndonos a un aumento de
alrededor de 4º C.
La próxima Conferencia sobre Cambio Climático a realizarse a fines
de año en México debe aprobar la enmienda al Protocolo de Kioto,
para el segundo período de compromisos a iniciarse en 2013 a 2017 en
el cual los países desarrollados deben comprometer reducciones
domésticas significativas de al menos el 50% respecto al año base de
1990 sin incluir mercados de carbono u otros sistemas de desviación
que enmascaran el incumplimiento de las reducciones reales de
emisiones de gases de efecto invernadero.
Requerimos establecer primero una meta para el conjunto de los
países desarrollados para luego realizar la asignación individual
para cada país desarrollado en el marco de una comparación de
esfuerzos entre cada uno de ellos, manteniendo así el sistema del
Protocolo de Kioto para las reducciones de las emisiones.
Los Estados Unidos de América, en su carácter de único país de la
Tierra del Anexo 1 que no ratificó el Protocolo de Kioto tiene una
responsabilidad significativa ante todos los pueblos del mundo por
cuanto debe ratificar el Protocolo de Kioto y comprometerse a
respetar y dar cumplimiento a los objetivos de reducción de
emisiones a escala de toda su economía. Los pueblos tenemos los
mismos derechos de protección ante los impactos del cambio climático
y rechazamos la noción de adaptación al cambio climático entendida
como la resignación a los impactos provocados por las emisiones
históricas de los países desarrollados, quienes deben adaptar sus
estilos de vida y de consumo ante esta emergencia planetaria. Nos
vemos forzados a enfrentar los impactos del cambio climático,
considerando la adaptación como un proceso y no como una imposición,
y además como herramienta que sirva para contrarrestarlos,
demostrando que es posible vivir en armonía bajo un modelo de vida
distinto.
Es necesario construir un Fondo de Adaptación, como un fondo
exclusivo para enfrentar el cambio climático como parte de un
mecanismo financiero manejado y conducido de manera soberana,
transparente y equitativa por nuestros Estados. Bajo este Fondo se
debe valorar: los impactos y sus costos en países en desarrollo y
las necesidades que estos impactos
deriven, y registrar y monitorear el apoyo por parte de países
desarrollados. Éste debe manejar además un mecanismo para el
resarcimiento por daños por impactos ocurridos y futuros, por
pérdida de oportunidades y la reposición por eventos climáticos
extremos y graduales, y costos adicionales que podrían presentarse
si nuestro planeta sobrepasa los umbrales ecológicos así como
aquellos impactos que están frenando el derecho a Vivir Bien.
El “Entendimiento de Copenhague” impuesto sobre los países en
desarrollo por algunos Estados, más allá de ofertar recursos
insuficientes, pretende en si mismo dividir y enfrentar a los
pueblos y pretende extorsionar a los países en desarrollo
condicionando el acceso a recursos de adaptación a cambio de medidas
de mitigación. Adicionalmente se establece como inaceptable que en
los procesos de negociación internacional se intente categorizar a
los países en desarrollo por su vulnerabilidad al cambio climático,
generando disputas, desigualdades y segregaciones entre ellos.
El inmenso desafío que enfrentamos como humanidad para detener el
calentamiento global y enfriar el planeta sólo se logrará llevando
adelante una profunda transformación en la agricultura hacia un
modelo sustentable de producción agrícola campesino e
indígena/originario, y otros modelos y prácticas ancestrales
ecológicas que contribuyan a solucionar el problema del cambio
climático y aseguren la Soberanía Alimentaria, entendida como el
derecho de los pueblos a controlar sus propias semillas, tierras,
agua y la producción de alimentos, garantizando, a través de una
producción en
armonía con la Madre Tierra, local y culturalmente apropiada, el
acceso de los pueblos a alimentos suficientes, variados y nutritivos
en complementación con la Madre Tierra y profundizando la producción
autónoma (participativa, comunitaria y compartida) de cada nación y
pueblo.
El Cambio Climático ya está produciendo profundos impactos sobre la
agricultura y los modos de vida de los pueblos indígenas/originarios
y campesinos del mundo y estos impactos se irán agravando en el
futuro. El agro negocio a través de su modelo social, económico y
cultural de producción capitalista globalizada y su lógica de
producción de alimentos
para el mercado y no para cumplir con el derecho a la alimentación,
es una de las causas principales del cambio climático. Sus
herramientas tecnológicas, comerciales y políticas no hacen más que
profundizar la crisis climática e incrementar el hambre en el
planeta. Por esta razón rechazamos los Tratados de Libre Comercio y
Acuerdos de Asociación y toda forma de aplicación de los Derechos de
Propiedad Intelectual sobre la vida, los paquetes tecnológicos
actuales (agroquímicos, transgénicos) y aquellos que se ofrecen como
falsas soluciones (agrocombustibles, geoingeniería, nanotecnología,
tecnología Terminator y similares) que únicamente agudizarán la
crisis actual.
Al mismo tiempo denunciamos como este modelo capitalista impone
megaproyectos de infraestructura, invade territorios con proyectos
extractivistas, privatiza y mercantiliza el agua y militariza los
territorios expulsando a los pueblos indígenas y campesinos de sus
territorios, impidiendo la Soberanía Alimentaria y profundizando la
crisis socioambiental.
Exigimos reconocer el derecho de todos los pueblos, los seres vivos
y la Madre Tierra a acceder y gozar del agua y apoyamos la propuesta
del Gobierno de Bolivia para reconocer al agua como un Derecho
Humano
Fundamental.
La definición de bosque utilizada en las negociaciones de la
Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, la
cual incluye plantaciones, es inaceptable. Los monocultivos no son
bosques. Por lo tanto, exigimos una definición para fines de
negociación que reconozca los bosques nativos y la selva y la
diversidad de los ecosistemas de la tierra.
La Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas
debe ser plenamente reconocida, implementada e integrada en las
negociaciones de cambio climático. La mejor estrategia y acción para
evitar la deforestación y degradación y proteger los bosques nativos
y la selva es reconocer y garantizar los derechos colectivos de las
tierras y territorios considerando especialmente que la mayoría de
los bosques y selvas están en los territorios de pueblos y naciones
indígenas, comunidades campesinas y tradicionales.
Condenamos los mecanismos de mercado, como el mecanismo de REDD
(Reducción de emisiones por la deforestación y degradación de
bosques) y sus versiones + y ++, que está violando la soberanía de
los Pueblos y su derecho al consentimiento libre, previo e
informado, así como a la soberanía de Estados nacionales, y viola
los derechos, usos y costumbres de los Pueblos y los Derechos de la
Naturaleza.
Los países contaminadores están obligados a transferir de manera
directa los recursos económicos y tecnológicos para pagar la
restauración y mantenimiento de los bosques y selvas, en favor de
los pueblos y estructuras orgánicas ancestrales indígenas,
originarias, campesinas. Esto deberá ser una compensación directa y
adicional a las fuentes de financiamiento comprometidas por los
países desarrollados, fuera del mercado de carbono y nunca sirviendo
como las compensaciones de carbono (offsets). Demandamos a los
países a detener las iniciativas locales en bosques y selvas basados
en mecanismos de mercado y que proponen resultados inexistentes y
condicionados. Exigimos a los gobiernos un programa mundial de
restauración de bosques nativos y selvas, dirigido y administrado
por los pueblos, implementando semillas
forestales, frutales y de flora autóctona. Los gobiernos deben
eliminar las concesiones forestales y apoyar la conservación del
petróleo bajo la tierra y que se detenga urgentemente la explotación
de hidrocarburos en las selvas.
Exigimos a los Estados que reconozcan, respeten y garanticen la
efectiva aplicación de los estándares internacionales de derechos
humanos y los derechos de los Pueblos Indígenas, en particular la
Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos
Indígenas, el Convenio 169 de la OIT, entre otros instrumentos
pertinentes, en el marco de las negociaciones, políticas y medidas
para resolver los desafíos planteados por el cambio climático. En
especial, demandamos a los Estados a que reconozcan jurídicamente la
preexistencia del derecho sobre nuestros territorios, tierras y
recursos naturales para posibilitar y fortalecer nuestras formas
tradicionales de vida y contribuir efectivamente a la solución del
cambio climático.
Demandamos la plena y efectiva aplicación del derecho a la consulta,
la participación y el consentimiento previo, libre e informado de
los Pueblos Indígenas en todos los procesos de negociación así como
en el diseño e implementación de las medidas relativas al cambio
climático. En la actualidad la degradación medioambiental y el
cambio climático alcanzarán niveles críticos, siendo una de las
principales consecuencias la migración interna así como
internacional. Según algunas proyecciones en 1995 existían alrededor
de 25 millones de migrantes climáticos, al presente se estima en 50
millones y las proyecciones para el año 2050 son de 200 a 1000
millones de personas que serán desplazadas por situaciones derivadas
del cambio climático. Los países desarrollados deben asumir la
responsabilidad sobre los migrantes climáticos, acogiéndolos en sus
territorios y reconociendo sus derechos fundamentales, a través de
la firma de convenios internacionales que contemplen la definición
de migrante climático para que todos los Estados acaten sus
determinaciones.
Constituir un Tribunal Internacional de Conciencia para denunciar,
hacer visible, documentar, juzgar y sancionar las violaciones de los
derechos de los(a) migrantes, refugiados(as) y desplazados en los
países de origen, tránsito y destino, identificando claramente las
responsabilidades de los Estados, compañías y otros actores.
El financiamiento actual destinado
a los países en desarrollo para cambio climático y la propuesta del
Entendimiento de Copenhague son ínfimos. Los países desarrollados
deben comprometer un financiamiento anual nuevo, adicional a la
Ayuda Oficial al Desarrollo y de fuente pública, de al menos 6% de
su PIB para enfrentar el cambio climático en los países en
desarrollo. Esto es viable tomando en cuenta que gastan un monto
similar en defensa nacional y destinaron 5 veces más para rescatar
bancos y especuladores en quiebra, lo que cuestiona seriamente sus
prioridades mundiales y su voluntad política. Este financiamiento
debe ser directo, sin condicionamiento y no vulnerar la soberanía
nacional ni la
autodeterminación de las comunidades y grupos más afectados. En
vista de la ineficiencia del mecanismo actual, en la Conferencia de
México se debe establecer un nuevo mecanismo de financiamiento que
funcione bajo la autoridad de la Conferencia de las Partes de la
Convención Marco de las Naciones Unidas sobre cambio Climático
rindiendo cuentas a la misma, con una representación significativa
de los países en desarrollo para garantizar el cumplimiento de los
compromisos
de financiamiento de los países Anexo 1.
Se ha constatado que los países desarrollados incrementaron sus
emisiones en el periodo 1990 – 2007, no obstante haber manifestado
que la reducción se vería sustancialmente coadyuvada con mecanismos
de mercado. El mercado de carbono se ha transformado en un negocio
lucrativo, mercantilizando nuestra Madre Tierra, esto no representa
una alternativa para afrontar el cambio climático, puesto que
saquea, devasta la tierra, el agua e incluso la vida misma.
La reciente crisis financiera ha demostrado que el mercado es
incapaz de regular el sistema financiero, que es frágil e inseguro
ante la especulación y la aparición de agentes intermediarios, por
lo tanto, sería una total irresponsabilidad dejar en sus manos el
cuidado y protección de la propia existencia humana y de nuestra
Madre Tierra. Consideramos inadmisible que las negociaciones en
curso pretendan la creación de nuevos mecanismos que amplíen y
promuevan el mercado de carbono toda vez que los mecanismos
existentes nunca resolvieron el problema del Cambio Climático ni se
transformaron en acciones reales y directas en la reducción de gases
de efecto invernadero.
Es imprescindible exigir el cumplimento de los compromisos asumidos
por los países desarrollados en la Convención Marco de Naciones
Unidas sobre Cambio Climático respecto al desarrollo y transferencia
de tecnología, así como rechazar la “vitrina tecnológica” propuesta
por países desarrollados que solamente comercializan la tecnología.
Es fundamental establecer los lineamientos para crear un mecanismo
multilateral y multidisciplinario para el control participativo, la
gestión y la evaluación continua del intercambio de tecnologías.
Estas tecnologías deben ser útiles, limpias, y socialmente
adecuadas. De igual manera es fundamental el establecimiento de un
fondo de financiamiento e inventario de
tecnologías apropiadas y liberadas de derechos de propiedad
intelectual, en particular, de patentes que deben pasar de
monopolios privados a ser de dominio público, de libre accesibilidad
y bajo costo.
El conocimiento es universal, y por ningún motivo puede ser objeto
de propiedad privada y de utilización privativa, como tampoco sus
aplicaciones en forma de tecnologías. Es deber de los países
desarrollados compartir su tecnología con países en desarrollo,
crear centros de investigación para la creación de tecnologías e
innovaciones propias, así como defender e impulsar su desarrollo y
aplicación para el vivir bien. El mundo debe recuperar, aprender,
reaprender los principios y enfoques del legado ancestral de sus
pueblos originarios para detener la destrucción del planeta, así
como los conocimientos y prácticas ancestrales y recuperación de la
espiritualidad en la reinserción del vivir bien juntamente con la
Madre Tierra.
Considerando la falta de voluntad política de los países
desarrollados para cumplir de manera efectiva sus compromisos y
obligaciones asumidos en la Convención Marco de las Naciones Unidas
sobre el Cambio Climático y el Protocolo de Kioto, y frente a la
inexistencia de una instancia legal internacional que prevenga y
sancione todos aquellos delitos y crímenes climáticos y ambientales
que atenten contra los derechos de la Madre Tierra y la humanidad,
demandamos la creación de un Tribunal Internacional de Justicia
Climática y Ambiental que tenga la capacidad jurídica vinculante de
prevenir, juzgar y sancionar a los Estados, las Empresas y personas
que por acción u omisión contaminen y provoquen el
cambio climático.
Respaldar a los Estados que presenten demandas en la Corte
Internacional de Justicia contra los países desarrollados que no
cumplen con sus compromisos bajo la Convención Marco de las Naciones
Unidas sobre el Cambio Climático y el Protocolo de Kioto incluyendo
sus compromisos de reducción de gases de efecto invernadero.
Instamos a los pueblos a proponer y promover una profunda reforma de
la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para que todos sus
Estados miembros cumplan las decisiones del Tribunal Internacional
de Justicia
Climática y Ambiental.
El futuro de la humanidad está en peligro y no podemos aceptar que
un grupo de gobernantes de países desarrollados quieran definir por
todos los países como lo intentaron hacer infructuosamente en la
Conferencia de las Partes de Copenhague. Esta decisión nos compete a
todos los pueblos.
Por eso es necesaria la realización de un Referéndum Mundial,
plebiscito o consulta popular, sobre el cambio Climático en el cuál
todos seamos consultados sobre: el nivel de reducciones de emisiones
que deben hacer los países desarrollados y las empresas
transnacionales; el financiamiento que deben proveer los países
desarrollados; la creación de un Tribunal
Internacional de Justicia Climática; la necesidad de una Declaración
Universal de Derechos de la Madre Tierra y; la necesidad de cambiar
el actual sistema capitalista.
El proceso del Referéndum Mundial, plebiscito o consulta popular
será fruto de un proceso de preparación que asegure el desarrollo
exitoso del mismo.
Con el fin de coordinar nuestro accionar internacional e implementar
los resultados del presente “Acuerdo de los Pueblos” llamamos a
construir un Movimiento Mundial de los Pueblos por la Madre Tierra
que se basará en los principios de complementariedad y respeto a la
diversidad de origen y visiones de sus integrantes, constituyéndose
en un espacio amplio y democrático de coordinación y articulación de
acciones a nivel mundial. Con tal propósito, adoptamos el plan de
acción mundial adjunto para que en México los países desarrollados
del Anexo 1 respeten el marco legal vigente y reduzcan sus emisiones
de gases de efecto invernadero en un 50 % y se asuman las diferentes
propuestas contenidas en este Acuerdo.
Finalmente, acordamos realizar la 2ª Conferencia Mundial de los
Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra
en el 2011 como parte de este proceso de construcción del Movimiento
Mundial de los Pueblos por la Madre Tierra y para reaccionar frente
a los resultados de la Conferencia de Cambio Climático que se
realizará a fines de año en Cancún, México.
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